El país semanal 10 de Septiembre 2023 (Sólo texto)
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SEMANAL 2.450
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CINE EN Jel22 al 30 de septiembre,
San Sebastián celebra su 7]0 Festival de Cine El País Semanal desfila por la alfombra roja con un número lleno de luces, cámaras y acción, con especial atención ala mirada de los directores
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Entrevista. Reportaje. _ A x ¿EEMBIMES F do Trueba Carla Simón eo SS ES Pa 8 Lascopas y las letras
“Sigo siendo un talibán del un aire de familia lgnacio Peyró cine” el director vuelve con Acompañamosa la 14 La imagen dos películas Haunted Heart directora, premio Nacional Juan José Millás
Js in al planista, su de Cinematografía, en la 74 Maneras de VIVIT segundo filme de animación búsqueda de localizaciones Rosa Montero de su próxima película
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Perfil. 50
Javier Mariscal Fotoensayo, Una conversación con el Carlos Saura . Ilustrador y diseñador sobre frente al espejo su nuevo trabajo con Trueba Un viaj e en texto y fotografías
a las memor1as InacabD Aé: ramason 34 del gran director |
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, , a N y ] a 54d Este número de £/ País Semanal tiene dos Coixet y sara Mesa Perfil. portadas diferentes' una, protagonizada Dos mujeres contra el cliché A por Sar a Mesa e Isabel Coixet, fotografiadas La cineasta y la escritora Paseo por Roma por Caterina Barjau, y otrá, con Fernando hablan acerca de Un amor con Nanni Moretti Trueba, retratado por Ximena y Sergio.
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EN PORTADA
Una luminosa ventana al cine. La edición número /I del Festival de San Sebastián (del 22 al 30 de septiembre) sirve de excelente pretexto —por si alguno hiciera falta— para abrir una ventana al cine en El País Semanal. Fernando Trueba y Javier Mariscal (Dispararon al pianista, su nueva película de animación, será estrenada fuera de concurso en el festival), Isabel Coixet y Sara Mesa (que compiten por la Concha de Oro con Un amor, basada en la novela de la escritora madrileña), Nanni Moretti y sus tribulaciones reales y ficticias como cineasta en El sol del futuro (estreno el día 15), Carla Simón y el bisturí de los vínculos familiares en Romería (acompañamos a la directora barcelonesa en localizaciones de su próxima película) y el legado fotográfico y autobiográfico de Carlos Saura en el libro de memorias De imágenes también se vive conforman este menú. Es un tiempo en que el cine en gran pantalla duda y siente la amenaza de . los nuevos tiempos y los nuevos hábitos. Pero el cine marca también, siempre, un tiempo de ilusión. BORJA HERMOSO
HA COLABORADO
Elsa Fernández-Santos (Madrid, 55 años) ha estado a cargo de la edición de las memorias inacabadas de Carlos Saura, De imágenes también se vive, en las que el cineasta trabajó durante tres años, hasta su muerte el pasado mes de febrero.
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Martín Caparrós
La palabra sete
O, NO EXISTE, no la busquen. A lo sumo podríamos suponer que es siete en gallego o portugués, o sed en italiano o una ciudad francesa en el Mediterráneo con un cementerio sobre el mar donde Georges Brassens consiguió, tras mucho pedir, que lo enterraran. Pero en castellano no es una palabra.
Raro que no lo sea: un idioma no puede permitirse desdeñar sonidos tan simples y precisos. La combinatoria de los fonemas no es infinita, y dejar de lado una que solo usa tres letras muy usadas, de fácil comprensión, difícil confusión, parece un despilfarro. Pero bueno, se diría que en algún momento nuestros ancestros más letrados decidieron sentirse ubérrimos y, con un gesto rimbombante de su mano derecha, dijeron pardiez, mandemos la triste sete a hacer piruetas.
Así que la palabra sete no es una palabra. Pero eso no significa que no signifique nada. Sete es, en estos tiempos de supuesta libertad y permisividad genérica, la marca del pudor.
Durante siglos los hombres no pudieron quererse. Los que lo hacían por atracción sensual o sexual debían disimularlo, so pena de ser encarcelados o quemados o, por lo muy menos, condenados a desprecio y escarnio. Y los que se querían sin sexualidad —los parientes, amigos, compañeros— temían que esa querencia los hiciera menos hombres
y trataban de disimularla. Hay quien supone que una de las grandes razones del alcoholismo de ciertas tribus europeas es precisamente esa: ofrecerle a los hombres un momento de incontinencia tolerada para que puedan brindarse los cariños que en general no pueden.
En cualquier caso, los hombres no podían decirse un te quiero regular: era riesgoso, era anatema, los empujaba al borde del barranco. Así que no lo decían: se cuidaban. Ahora, cuando la condena no sería tan brutal, algo queda de aquellos siglos de prevenciones y pudores: sete.
Seguro que lo han oído tanto como yo: un hombre que le quiere decir a otro que le tiene cariño, mucho afecto —que lo quiere— y que, para que nadie se con-
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PAMPLINAS
Durante siglos los hombres no pudieron decirse te quiero: era riesgoso, era anatema, los empujaba al borde del barranco...
funda, le dice “se te quiere”. Los hombres, si no tienen una relación sexualizada, se quieren en impersonal. O sea: hay un querer —el verbo se expresa— pero no hay un sujeto que lo asuma, no hay un hombre que quiere a otro hombre sino una acción sin actor, un hombre que es querido por un ente abstracto.
Lo mismo pasa —menos— con emociones adyacentes tipo se te extraña o se te admira: cualquier declaración que incluya un exceso de persona se lima con el impersonal —y sale una frase lavadita, que casi dice lo que querría decir pero sin implicarse en el acto de decirlo. Una frase que informa como informan los carteles de la carretera: una comunicación emocional que trata de esconder las emociones —porque teme mostrar demasiadas.
Aunque sete es, al fin y al cabo, la traducción oral de los dos golpecitos. Los dos golpecitos son un recurso que tantas culturas —todas las nuestras— utilizan para hacer el sete. Los dos golpecitos deben darse en la parte alta de la espalda, la mano abierta, desprovista de fuerza pero firme, en el momento del beso o el abrazo masculinos, y significan no te equivoques, no vayas a creer, somos muy hombres. Los dos golpecitos son el otro refugio del macho amenazado, de los viejos temores en medio del cambio arrollador. Y sete es su forma verbal: “se” es un golpecito, “te” viene a ser el otro. Se-te.
(A menudo, por si acaso, la declaración viene con otra rebaja funcional: “mucho”. Hay palabras así: son más cuando son menos. Y este es el caso más claro: “te quiero mucho” es tanto menos que “te quiero”. Incluso “se te quiere mucho” diluye un poco más que “se te quiere”. Hay algo en el absoluto que el adverbio evita: el terror del infinito, del abismo sin fondo, de ese barullo que podríamos llamar amor.)
Así que nada, vamos a mantener las formas. Sete mucho, macho —y los dos golpecitos. Los hombres, hay que decirlo, somos tan huevones. —EPS
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Biblioteca de Psicología
«Las emociones cambian la forma en que vemos el mundo y cómo interpreta mos las acciones de los demás»
Paul Fkiman
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Cómo somos : > A Teorías de la personalidad Inteligencia 1
Las emociones La memoria.
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lsnacio Peyró
Escritores vanidosos y narcisos
NO ENTIENDE LA vanidad de un arquitecto que inaugura un puente a la altura de su megalomanía, o la del artista que engaña por medio millón de euros a un ricacho. Es curioso, sin embargo, que la vanidad parezca tener una relación particularmente estrecha con la literatura. Y es curioso cuando hay triunfos literarios que tientan menos la vanagloria de lo que hieren la autoestima: ¿cómo sobrevivir a una victoria en el concurso de relato erótico de Peralejos de la Cueva?
En el gremio siempre hubo vanidades hipertrofiadas. Las últimas palabras de Comte fueron “¡qué irreparable pérdida!”, Henri Lévy se pone de puntillas para quedar más alto que el resto en las fotos, y la tumba de Morand, más que la de un esteta, parece encarnar los sueños de un chatarrero. Las vanidades satisfechas se pagan con ridículo, y tal vez por eso atacan por los flancos menos verosímiles: conocía un banquero célebre que se preciaba, contra toda evidencia, de su mano como decorador.
Hay que vigilarse las vanidades propias, pero ¡qué divertido resulta ver las ajenas! Está quien vende una conferencia en el Cervantes de la Cochinchina como una coronación en el Parnaso. Y está quien jamás olvidará una reseña no del todo adoratriz, en la intuición de que un denuesto tiene una sinceridad que no tiene la alabanza. A veces no es fácil saber qué es vanidad y qué es invocación a la vergúenza ajena: a todo escritor le han pedido posar cogiendo un libro como si fuéramos Apolodoro el Gramático, y no faltan autores especializados en retratarse con algún complemento —chalinas, Jipyapas— muy sonoro. Otros se fotografían rodeados de bustos de Proust: a veces queremos mostrar familiaridad y solo mostramos contraste.
Las vanidades se van revirando con la edad. Hay escritores que venden millones y sueñan con el respeto que merece no sé qué poeta. Y hay vates místicos con más maña para su negociado que cualquier rapaz de Wall Street. Por supuesto, la vanidad es autoinmune: si a uno no le lee nadie, no es porque sea un plomo: es un escritor de minorías. Como fuere, la escritura suele tener un “arrabal de senectud” un poco amargo Lo dijo Manuel Machado: “¿Gloria? ¡La que me deben"'”. Eso sí: nadie se tiene en más alto concepto que el escritor que no escribe.
La propia sociedad literaria ya es una purga bestial de pretensiones: “¡Tantos versitos venecianos, sí luego
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LAS COPAS Y LAS LETRAS
Es curioso que la vanidad parezca tener una relación particularmente estrecha con la literatura
vuela con Ryanair!”, “¿Cómo va a hacer un estilista con esos dedos como un manojo de pollas?”. El mundo contemporáneo nos ha venido, además, con una mortificación llamada autobombo: publicitar tu conferencia en el Círculo Recreativo de no sé dónde —“¡paso lista!”— tiene menos de pecado que de penitencia.
Ya desde los clásicos sabemos que también hay vanidad en la lucha contra la vanidad: Séneca recomienda no fanfarronear de vida retirada. Y tampoco vamos a ser como ese cartujo que, al terminar una obra, la ofrecía en el altar y la quemaba. El anticuerpo de la vanidad es la ironía, triaca infrecuente en una cultura que, como la nuestra, tiende a lo campanudo, y donde toda humildad es debilidad. Había una modestia judeocristiana que ayudaba: si algo ha salido bien, habrá habido también una suerte infusa. Hoy el alarde —veamos Instagram— se lee como virtud.
Mejor que de vanidad, la escritura puede ser la manifestación de un orgullo: ahí están tantos testimonios de libertad de conciencia como resistencia a los total:- tarismos. Más cotidiano, también hay un orgullo en la convicción de encerrarse y firmar algo que puede meternos en problemas: no ya problemas públicos, sino quejas de la familia, conocidos que preferirían —pero este de qué va— que no escribiéramos; un mundo que no necesita de nuestra prosa. A mí me consuela lo que dice Claudel: que todo escritor ha venido a decir su seule petite chose. Y, contra toda pretensión, siempre podemos pensar que escribir tal vez sea un arte, pero que hasta Shakespeare lo vivió como una obediencia.
La queja es una forma de la vanidad. Podríamos haber tenido más suerte, pero también podríamos estar encuadernando nuestros versillos en una copistería. Cualquiera tiene hoy más lectores que Píndaro y, al mismo tiempo, no podemos hacer nada: la gente nos ama o nos odia porque sí. A algunos, la escritura les da grandes alegrías: Cernuda, con un libro recién llegado, no dormía de la excitación; a otros nos exalta lo mismo que recibir las Páginas Amarillas. Quizá sea que el escritor se debe buscar las alegrías donde todos: en la vida, no en la obra. Y que el verdadero privilegio de escribir es escribir. —EePS
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LA FONDA CULTURAL
DE JULIÁN MAESO
Músico instrumentista de peso en la escena española, se ha inventado Frank sin Ancla, un espacio único en el que repara e interviene en pianos, teclados y órganos para ponerlos a disposición de quien quiera tocarlos.
POR JACOBO RIVERO
FOTOGRAFÍA DE LINO ESCURÍS
L CAPITÁN NEMO de la novela Veinte mul leguas de viaje submarino navegaba en el Nautilus movido por su interés en la investigación científica, la lucha contra las potencias del mar y el rechazo a la sociedad de su tiempo, de la que se consideraba ajeno. En la nave que imaginó Julio Verne, el 1mtrépido marinero estaba acompañado de un órgano en el que volcaba su pasión por el sonido del arre insuflado que emitía con su teclado. Para Julián Maeso, músico multiinstrumentista en bandas como The Blackbirds, Speak Low, The Sunday Drivers o The Sweet Vandals y nombre de peso entre los músicos de España, la obra de Verne es un referente. Guiado por el mismo espíritu “aventurero” del l1- bro, Maeso gestiona un espacio único en este país dedicado a instrumentos de cuerda, desde el arpa y el acordeón hasta órganos y pianos que colecciona, repara o descuartiza para modificar su uso y ponerlos al servicio del público. Desde un mítico Hammond hasta un teclado de tercera categoría: “Porque todos los son1- dos tienen su gracia y no hay una joya de la corona, todos para mí tienen el mismo valor”. Para él cualquier sonido es seductor *por friki que pueda
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parecer”. La nave de Julián Maeso es un edificio con forma de hexágono, obra del arquitecto Pablo Pintado y Riba, el mismo que construyó el Palacio de Congresos de Madrid, situado en la carretera de A Lanzada en el municipio de San Vicente do Mar, en Pontevedra.
Antes de llegar hasta la costa gallega, Maeso vivió en los tres últimos años “una cadena de acontecimientos” que le llevaron hasta la apertura de Frank sin Ancla, el nombre que lleva el proyecto que capitanea. “Antes de la pandemia tuve una ruptura sentimental con la industria de la música, con cómo funciona. Terminé cansado de intermediarios que están esperando y presionando para que te pongas a trabajar para ellos. Ahí ya empecé a pensar en la idea del museo”. Lo cuenta en una conversación de ritmo pausado, con tono suave y sonrisa irónica, en la que solo enfatiza el gesto para hablar de órganos, pianos o músicos concretos. Ahí se enciende una chispa en el relato que aventura una historia propia, como cuando fue a recoger un órgano a la consulta de un psiquiatra en Valencia y la operación que parecía sencilla se convirtió en una sucesión de pequeñas catástrofes. Pero al final logró su objetivo con el aparato desmontado, que hoy luce como parte de su increíble colección. Su conexión con el instrumento de teclas comenzó de pequeño, a partir de unos amigos de sus padres que tuvieron una tienda de música y le regalaron su primer órgano en Toledo, la ciudad donde creció en una casa en la que el arte y la cultura tenían forma y fondo. Una erudad cuya administración local ninguneó su propuesta museística. Esa crisis con su ciudad y la industria
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control de uno de los 60 instrumentos de tecla que hay en el espacio de Julián Maeso.
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fue el inicio de un proceso en varios tiempos “Fueron varios momentos Tras esa crisis estuve trabajando en Valencia restaurando pianos”, continúa, “también fui a África y estuve en Ghana colaborando en levantar una escuela de música durante un mes A la vuelta me di cuenta de que no tenía sentido tener esos instrumentos como coleccionista, que tema que compartirlos como fuera”
Y lo hizo. El lugar se descubre Al visitante como un espacio atiborrado de instrumentos de tecla, amplificadores, discos y libros para el disfrute de la música Expuestos a disposición del público hay algo más de 60 pianos, teclados y órganos, una 12
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A la izquierda, The Mighty Wurlitzer Organ, un órgano que amenizaba entre acto y acto funciones y proyecciones en Estados Unidos a principios del siglo XX Debajo, exterior de Frank sin Ancla, del arquitecto Pablo Pintado y Riba A la derecha, Maeso, con su colección de discos, que se puede consultar y escuchar
librería con vinilos de todos los géneros y referencias fotográficas totémicas, como la de uno de sus primeros ídolos, Jerry Lee Lewis, o la del sugerente Korla Pandit. Sin perder el tono calmado, Maeso explica su “sueño” como la posibilidad de “jugar con un mundo de sonidos, descubrir otras maneras de hacer música donde nadie está por encima de nadie”. “Yo propongo el espacio y la gente interactúa con lo que encuentra”, dice. Y añade: “Hay mucha gente que lleva música dentro y no tiene un lugar donde expresarse, hay que derribar esa barrera”. Llenar el submarino de Maeso supuso una mudanza de tres tráileres comple-
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tos con instrumentos de todo tipo, para un proyecto casi único en el mundo, salvo una referencia similar en Australia y otra en Alemania. Pero Frank sin Ancla es más que un museo, durante el verano funciona también como bar y club de música en directo y en él se organizan talleres de pintura o se proyecta cine de verano. El suyo ha sido uno de los puntos de parada obligatoria durante las vacaciones para amantes de la música en vivo y las jams, de la zona y foráneos En los meses de invierno el lugar está abierto a visitas de colegros, clases particulares, “espacio de tranquilidad” para grabaciones de discos o lugar de inicio para ensayos y giras de bandas. Un puerto de llegada para músicos donde puedan encontrar todo lo que necesitan en
“Disfruto cuando alguien se emociona, como un tipo que se quedó tres horas tocando los pianos”
una atmóstera de respeto compartido por el poder de la música.
Julián Maeso confiesa que su proyecto es arriesgado, pero también apunta en varias ocasiones que ha empezado muchas veces desde cero y que no tiene miedo a las olas ni a las tempestades mientras haya gente que se sorprenda con lo que él ha creado: “Disfruto más cuando estoy al margen. Como cuando vino un tipo que se quedó tres horas tocando los pianos. Si consigo que alguien se emocione, ya merece la pena”. El capitán Nemo no es la única inspiración del local, otra a la que debe el nombre es Frank Sinatra, especialmente en la etapa en que este se juntó con el pianista de jazz Count Baste. “Ese minimalismo en el sonido, con esa calidad y esa pausa, me encanta”, dice antes de volver a la referencia del libro de Julio Verne para marcar el punto final de la conversación con una enorme sonrisa y brillo en la mirada: “Aquí, en vez de destruir barcos como Nemo, voy rescatando órganos y pianos para acumular un tesoro que disfrute la gente. Esa es la historia de Frank sin Ancla”. —EPS
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Juan José Millás
Las dificultades del centauro
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ARECERÍA QUE EL objeto de esta macrourban1- zación china sería el de señalar a sus usuarios que son tan intercambiables como las viviendas que habitan. El hormiguero mata la personal1- dad, y por ahí va la cosa. El drama de los seres humanos es el de haber evolucionado como individuos por un lado y como seres sociales por el otro, aunque sin haber dado con la fórmula capaz de articular ambas peculiaridades. Ante ese problema de costura, hay sociedades que eligen el individualismo feroz o la masificación total.
Comparen este monstruoso complejo inmobiliario, pongamos por caso, con la bella Manhattan, donde cada edificio conserva su singularidad, su individualidad, podríamos decir, su idiosincrasia. Pero es el peso de esa singularidad lo que, según hemos leído hace poco, la está 14
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literalmente hundiendo en la tierra como Venecia se hunde en el agua. Lejos de calcular en su día las toneladas de acero y hormigón que el suelo de la isla neoyorquina podría soportar, cada constructor fue a lo suyo, que suele ser lo de nadie, y el resultado final es su naufragio.
La inmobiliaria china que puso en pie la animalada de la foto también se ha hundido, económicamente en este caso, víctima de sus contradicciones financieras. Significa que no tenemos remedio ni solos ni acompañados. La mezcla deseable de aislamiento egoísta y congregación solidaria está resultando más difícil de lo esperado, en el supuesto de que alguien espere algo de esta pobre humanidad. Somos capaces de imaginar un centauro, pero inhábiles para diseñar una sociedad lo suficientemente mixta como para vivir en paz. —EPS
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Partido de pickleball este verano en Nueva York
El PAÍS SEMANAL
El PULSO
RUIDO. PICKLEBALL, LAS MOLESTIAS DEL DEPORTE DE MODA
Estados Unidos es el epicentro de esta mezcla de tenis, pimpón y bádminton que coloniza cualquier pista y pone de los nervios a multitud de vecinos.
POR USE LAHOZ
L PICKLEBALL, DEPORTE de moda en Estados Unidos, es una mezcla entre el tenis, el pimpón y el bádminton, y se practica en una pista pequeña con una pala y una pelota de plástico. Aunque se inventó en el Estado de Washington en 1965, la cantidad de jugadores se duplicó entre 2021 y 2022, cuando llegó a los nueve millones, y se prevé que este año alcance los 22 millones, según la Sports €: Fitness Industry Association. La fascinación que despierta es extraordinaria y se está extendiendo por el mundo de manera fulgurante (también en España, donde proliferan campos y sus raquetas y sus pelotas agujereadas se venden como las de pádel). Explicado así, el pickleball resulta inofensivo, placentero e incluso saludable. Dan ganas de salir a buscar un campo y ponerse a ganar sets evitando entrar en la denominada “cocina”, la zona de no volea (los juegos tienen 11 puntos y es al mejor de tres sets), pero nada es lo que parece.
Hace unas semanas, Andrew Keh, reportero especialista en deportes de The New York Times, publicó un artículo en el que alertaba de las graves consecuencias de tener cerca de casa un centro deportivo o un trozo de calle dignos de ser convertidos en campo de pickleball. El incesante toc-toctoc que genera supone un azote a la salud mental de los vecinos. La contaminación acústica se está cobrando tímpanos afectados, guerras vecinales, peticiones de mudanza, llamadas a la policía, denuncias. El ruido que ocasionan los jugadores con sus rápidos golpes ha dado un nuevo significado a este deporte de raqueta. Bob Unetich, ingeniero y jugador de pickleball, no lo pudo describir mejor: “No se puede aguantar ese toc-toc-toc durante 12 horas todos los días y seguir cuerdo”, dijo a la NPR (National Public Radio).
Sabemos que algunos deportes producen todo tipo de sonidos desagradables: estridentes silbatos de árbitros, bocinas, petardos o esos clásicos insultos de los padres asistentes a los patios de colegios que increpan a cualquiera que no sea de su familia, ya sea árbitro, portero contrario, entrenador, poste, árbol, banco o papelera. Pero según Andrew Keh, esto es mucho más insoportable. El traqueteo que emanan los campos de pickleball es peor que un sonido chirriante y ha trastocado la cotidianidad deportiva de Estados Unidos. Las entrevistas que hizo Keh ilustran el problema en su justa medida: “Es una técnica de tortura”, dijo un entrevistado. Bob Unetich se ha propuesto buscar una solución. Ha fundado Pickleball Sound Mitigation, una empresa de consultoría y asesoramiento para reducir el ruido. Va sobrado de demandas.
Tras el saque cruzado, la paleta de plástico rígido golpea la bola de plástico duro produciendo un chasquido. Imaginemos que se multiplica por miles de golpes en miles de canchas de pickleball, todo el día y hasta bien entrada la noche. Según el propio Unetich, el ruido “crea vibraciones en un rango que puede ser extremadamente molesto para los humanos, a un nivel de decibelios similar al de algunas aspiradoras”. Algunos de los afectados han obtenido medidas cautelares temporales. ¿Eso es todo? No, también ha habido enfrentamientos, incluso peleas, con tenistas. Por el momento, Unetich ha encontrado que la instalación de barreras de sonido puede ayudar. No obstante, la solución más simple pasa por construir campos lo suficientemente lejos de la gente. Unetich ama tanto el deporte que lo que más le preocupa es que el problema del ruido frene su crecimiento. Espera, pues, que su búsqueda de soluciones y su consultoría le permitan seguir practicando. Ojo a lo que se juega. El toc-toc-toc te busca. —EPS
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CIENCIA SIN FICCIÓN
Sus sintomas ya fueron descritos en la antigúedad, pero no fue hasta el siglo XX cuando los investigadores
pudieron distinguir entre dos enfermedades con efectos similares e identificar las causas de cada una.
LAS DOS DIABETES
POR J. M. MULET
ILUSTRACIÓN DE SEÑOR SALME
A DIABETES ES una de las enfermedades más frecuentes en los países occidentales, muchas veces relacionada con la obesidad o una mala alimentación, aunque también puede tener causas genéticas. Esta enfermedad es conocida desde la antigiiedad, pero realmente eran dos enfermedades.
En el papiro egipcio de Ebers ya se describe una enfermedad que hace que los que la sufren orinen mucho, pierdan peso y tengan siempre hambre y la necesidad de beber. En la antigúedad clásica le pusieron el nombre *diabetes”, que significa literalmente “pasa a través de”. Es un término, supuestamente acuñado por Areteo de Capadocia (otras fuentes señalan que pudo ser Apolonio de Mentfis), y que hace referencia a que están continuamente orinando (pasando líquido a través de ellos). El término médico equivalente en la actualidad sería poliurta (orinar mucho). Areteo señaló que esta enfermedad podría deberse a que los que la sufren se están descomponiendo por dentro y que por eso eliminan todo el cuerpo por la orina. Así explicaba la pérdida de peso. El médico romano del siglo 1 Celso también hizo una descripción bastante detallada de la enfermedad. Galeno la achacó a un fallo en el riñón que impedía retener la orina. Siglos
después fue estudiada por
el médico, astrólogo y alquimista suizo Theophrastus
Phillippus Aureolus Bombastus von Hohenheim,
que se hizo llamar Paracelso
por considerarse superior a
Celso y, por motivos obvios,
para abreviar. El suizo ob-
16
Cuando la orina habla del cuerpo
— Lo del diagnóstico de enfermedades probando u observando la orina no es algo tan extraño En el Decamerón de Boccaccio ya hay un cuento en el que un médico prueba la orina de una dama para diagnosticarle la enfermedad En la Edad Media, una técnica médica muy popular era la uroscopra, que consistía en depositar la orina en un recipiente de vidrio transparente y tratar de diagnosticar alguna enfermedad basándose en su aspecto.
servó que al evaporar la orina de los pacientes se quedaba un residuo blanco que no aparecía en los pacientes sanos. Interpretó que la diabetes se debía a la acumulación de esta sal blanca en el riñón. No fue superior a Celso, ni a Galeno. Ninguno dio con la causa real.
En el siglo XVIL el médico Thomas Willis tenía el método de diagnosticar las enfermedades de sus pacientes probando la orina. De esta forma descubrió que había algunos de sus pacientes de diabetes que su orina tenía un sabor “maravillosamente dulce, como si se le hubiera añadido azúcar o miel”, pero en otros pacientes, aquejados de síntomas parecidos, este sabor dulce no aparecía. Así acuñó los términos “diabetes mellitus” (literalmente diabetes endulzada con miel) y “diabetes insipidus” (diabetes sin sabor). Y así fue como estas dos enfermedades, aparentemente similares, se separaron.
Hoy sabemos que la diabetes mellitus, la más frecuente, se debe a un problema con la regulación de los niveles de azúcar en sangre. En el siglo XX, gracías al trabajo de científicos como el rumano Paulescu y los canadienses Banting y Best, descubrimos el papel del páncreas y de la hormona que segrega, la insulina, en regular los niveles de azúcar en sangre. Sabemos que la diabetes juvenil suele ser debida a que la síntesis de insulina es defectuosa y que
si aparece en la edad adulta es porque la respuesta
de las células a la insulina
es deficiente. Durante mucho tiempo el tratamiento
basado en insulina era muy
caro e inefectivo, ya que la
única forma de conseguir
esta hormona era a partir
del páncreas del cerdo. Gra-
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cias al desarrollo de la ingeniería genética, hoy podemos producir insulina humana a partir de bacterias o levaduras a un precio asequible.
¿Y qué pasaba con los que tenían diabetes, pero su orína no estaba dulce? Pues que los niveles de azúcar en sangre eran perfectamente normales y su insulina también. La diabetes imsipidus es una enfermedad genética, bastante rara, que puede estar causada por daños en los riñones (nefrogénica) o en el hipotálamo (central). Sim:- larmente a lo que ocurre con la diabetes mellitus aquí está fallando una hormona, pero no es la insulina sino la vasopresina u hormona antidiurética, que es la responsable de mantener el nivel correcto de líquidos en el cuerpo. Un
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fallo en el hipocampo hace que esta hormona no se produzca, mientras que un fallo en los riñones puede hacer que no respondan correctamente a su presencia. En ambos casos, nuestro cuerpo es incapaz de regular los niveles de líquido, y esto induce que los que la sufren tengan la necesidad continua de beber y de orinar. Al final, Galeno no iba tan desencaminado cuando situó el problema de la diabetes en el riñón, su fallo fue no especrficar cuál de las dos. Una de las complicaciones de la medicina es que síntomas similares pueden tener causas muy diferentes, aunque les pongamos el mismo nombre. —EPS J M Mulet es catedrático de Biotecnología.
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FERNANDO
TRUEBA: SIGO SIENDO UN TALIBÁ DEL CINE
ENTREVISTA
por Borja Hermoso (NAS e
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ENTREVISTA
Tres años después de estrenar El olvido que seremos, adaptación del libro de Héctor Abad Faciolince, Fernando Trueba vuelve a primera línea de la actualidad cinematográfica, y lo hace con dos nuevas películas: Dispararon al pianista, laraometraje de animación en colaboración con Javier Mariscal que será estrenado en el inminente Festival de San Sebastián, y Haunted Heart, filme rodado en Grecia con Aida Folch y Matt Dillon como protagonistas, recién terminado.
ACE UN MUNDO que se
marchó a Francia a recoger fruta y conocer a
Picasso (misión fallida),
hace casi medio siglo que
se puso a estudiar periodismo despechado por el
cierre de la Escuela Oficial de Cine (y en la Facultad se hizo amigo de los
Resines, Boyero, Ladoire y
Sánchez Valdés), hace tres
décadas que ganó el Oscar
por Belle Epoque (recuerden sus palabras de agradec1- miento: “Me gustaría creer en Dios para poder agradecerle este premio, pero como solo creo en Billy Wilder, ¡gracias, mister Wilder!”), hace 13 años que debutó en el cine de animación con Chico £ Rita, hace ocho que montó la marimorena al recoger el Premio Nacional de Cine y soltar aquello de yo no me he sentido español ni cinco minutos de mi vida” (delante del estupefacto ministro de Cultura Méndez de Vigo, del PP) y hace nada que terminó las películas número 18 y 19 de su filmografía: Haunted Reart, un notr rodado en Grecia con Arda Folch y Matt Dillon, y Dispararon al pianista, regreso a la animación de la mano, otra vez, de Javier Mariscal, una investigación periodística sobre la misteriosa desaparición de un pianista brasileño que será estrenada en el Festival de San Sebastián. Hace unas semanas que visitamos a Fernando Trueba (Madrid, 68 años) en su casa, más concretamente en su estudio-santuario al fondo del jardín, repleto de guiones, pinturas y fotos, anegado de libros, discos y películas. El inquilino, siempre tan certero como escéptico, da la sensación de estar de vuelta de todo en esto del cine, y uno diría que en esto de la vida en general.
Nunca dejan de sorprender los tiempos de la producción cinematográfica. Un director puede pasarse siete años sin rodar una película como, de repente, tener dos ya hechas encima de la mesa. Bueno, sí, pero yo nunca he trabajado en estas dos películas a la vez, cada una tiene sus épocas, sus etapas. El guion de Haunted Heart lo escribí hace ya unos años, y por razones complicadas —que si era en inglés, que si había otros proyectos que tenía entre manos— se me fue retrasando. Y ahora la acabamos de terminar, aunque 22
no sabemos aún cuándo la presentaremos ni cuándo la estrenaremos. Así que tampoco me gustaría hablar demasiado de ella ahora mismo.
¿Qué es Haunted Heart?
Yo la calificaría de notr, otros dirán que es un 2hriller, y en cualquier caso para mí es un poco Patricia Highsmith. He intentado hacer una película que empieza en la luz y acaba en la oscuridad. Y como en algunos relatos de la Highsmith, hay por ahí un pobre diablo americano perdido en algún lugar de Europa. Es una historia que arranca llena de sol, verano, todo es amable, todo es bonito, todo es ligero, pero después... de hecho la película tiene tres capítulos: verano, otoño, invierno. Rodamos en septiembre, octubre y noviembre para poder disponer de la luz y el clima de esas tres estaciones. De hecho, muy probablemente en España la vamos a titular así, Verano, otoño, invierno, porque no me gusta ninguna traducción de Haunted Heart [corazón embrujado, o corazón obsesionado]. Además, el otro día me di cuenta de que los españoles pronunciamos mal haunted, empezando por mí, que no puedo presumir mucho de mi acento inglés.
Bien distinta es la historia de Dispararon al pianista. Dos películas como el día y la noche, ¿no? Sí, en este caso no empecé escribiendo un guion, sino rodando entrevistas. Yo estaba haciendo en Brasil El milagro de Candeal, en 2004, y entre rodaje y rodaje, como hago siempre, me escapaba a tiendas de discos para buscar rarezas. En aquel momento se estaba reeditando en CD parte de la música instrumental brasileña de los años sesenta y los setenta, que llevaba descatalogada desde hacía 300 40 años. Estaba en una tienda de Salvador de Bahía y encontré un disco de un grupo llamado Os Cobras, con Paulo Souza y Raul de Moura. Y ahí empezó todo. ¿Cómo empezó, qué pasó?
Me pasó como al protagonista de la película, que es mi alter ego. Pensé que el pianista que tocaba era Joáo Donato, un músico que me enloquece. Pero resultó ser Tenório Júnior. El nombre me dio risa. Luego volví a oír a Tenório en el disco Samba Nova, todo un clásico que acababan de reeditar. Entonces me puse a buscar más cosas de él, pero vi que no había nada, el tío había hecho un disco pero era inencontrable [ese disco era Embalo]. Yo acabé encontrándolo y comprándolo... ¡por eBay en Japón! Me puse a investigar sobre él y descubrí que había desaparecido en Buenos Aires, cinco días antes del golpe militar de 1976.
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ENTREVISTA
En concreto, la tesis que narran la película y la monumental novela gráfica firmada al alimón por Trueba y Mariscal (Salamandra Graphic) es que, durante la noche posterior a un concierto con el gran Vinícius de Moraes en Buenos Aires, el pianista brasileño Tenório Júnior, que había viajado acompañado por su amante, Malena, salió del hotel donde se encontraban para comprar unos bocadillos y ya nunca volvió. Diversos testimonios, entre ellos el de un cabo del Ejército argentino llamado Vallejos, recogido en Dispararon al pianista, apuntaron a que el músico fue detenido por un escuadrón de la muerte en plena calle “por su aspecto de comunista” y recluido en la tristemente célebre Escuela Superior de Mecánica de la Armada, ESMA, donde el capitán de fragata Alfredo Astiz, también conocido como El Ángel de la Muerte, habría acabado con él de un disparo en la cabeza. Una desaparición que nunca se investigó.
Y empezó entonces su investigación personal en torno a Tenório...
Sí, me empecé a obsesionar con el personaje. Reconozco que estuve tiempo auténticamente obsesionado con él. Hubo una época en la que no me interesaba nada hablar de otra cosa que no fuera Tenório Júnior.
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Por aquel entonces —corría 2005—, Trueba supo que el Festival de San Sebastián iba a programar un documental sobre el músico, poeta y diplomático Vinícius de Moraes, autor, entre otras obras inmortales de la música popular brasileña, de las letras de Garota de Ipanema, Chega da saudade, A felicidade y Água de beber, todas ellas sobre composiciones de su amigo António Carlos Jobim.
Y se fue a San Sebastián.
Sí, quería ver si en el documental se hablaba de Tenório Júnior, aunque ni se le citaba. Pero durante los tres días que me quedé en San Sebastián me hice amigo de Suzana de Moraes, la hija mayor de Vinicius, que producía el documental, y de su director, Miguel Faria Jr. Al final grabé una entrevista con Suzana en su hotel. Y esa fue la primera de las 150 que hice, de las que unas 30 aparecen en la película. Luego volvimos a coincidir en el Festival de Río de Janeiro, donde yo presentaba mi película El baile de la Victoria. Y allí aproveché para hablar de Tenório con Caetano Veloso y Gilberto Gil, y empecé a hacer un montón de entrevistas.
El verdadero germen de la película...
Sí... la verdad es que al principio pensé en hacer un documental. Había tanto material... Sentarse a escribir el guion de esta película suponía, de entrada, transcribir las 150 entrevistas que había hecho y revisar todas las notas que había tomado durante todas ellas. Eso para mí fue una puñetera montaña. Y luego ocurrió algo curioso. Yo quería
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que fuera una coproducción con Argentina y Brasil, que teóricamente eran los socios naturales para este proyecto. Pero no conseguimos a ningún productor argentino y sía uno brasileño, pero entonces llegó Bolsonaro y quitó todas las ayudas al cine, y ahí se acabó todo. Y la película acabó siendo una coproducción entre España, Francia, Holanda y Portugal. El mundo es muy raro. Tan raro como para que una investigación periodística así funcione en dibujos animados, ¿no? Es una investigación cinematográfica en cine de animación. Desde el principio tuve claro que la película había que hacerla en animación, técnica que había descubierto con Chico £ Rita, cuyo rodaje fue una auténtica locura. Era algo tan loco que no me atrevía a contárselo ni a
“CUANDO PIENSOEN — . UNA PELÍCULA, LAS DEMÁS DESAPARECEN. SI ESTOY
CON UNA, SACO LAS OTRAS DE MI CABEZA TOTALMENTE” E 5
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Cristina, mi muy er y productora, esperando que aquella idea se me fuera de la cabeza. Como a los seis meses vi que no solo no se me iba, sino que la idea crecía y crecía, se lo dije. No se asustó. Y luego se lo conté a Mariscal, y él me dijo: Joder, tío, sería un regalo”. A todo esto, otras películas iban avanzando: había que hacer La reina de España, había que hacer El artista y la modelo... Debe de resultar esquizofrénico estar en medio de un proyecto y aparcarlo para ponerte a rodar otro... Pero ya lo he dicho, cuando pienso en una película, las demás desaparecen. Por ejemplo, no he trabajado ni un solo día a la vez en Haunted Heart y Dispararon al pianista. Las cosas no funcionan así. No superpongo las películas. Si estoy con una, saco las otras de mi cabeza, totalmente. Tengo una gran capacidad de estar en una cosa y dejar todo lo demás. Esto es como el chiste, si estamos a por Rolex, estamos a por Rolex, y si estamos a setas, pues a setas. A lo mejor en el proceso de elaboración de Dispararon al pianista salió la vocación periodística de aquel Fernando Trueba que cursó Ciencias de la Información en la Complutense...
No, porque yo nunca tuve esa vocación periodística. Yo fui de la segunda promoción de Ciencias de la Información y aún recuerdo la indignación enorme porque se había cerrado la Escuela de Cine y teníamos que irnos a estudiar Periodismo. No es que tuviera nada contra el periodismo, pero yo lo que quería era cine, cine, cine. Era un talibán del cine, era lo único que me interesaba en la vida.
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ENTREVISTA ( A
“LEER A SHAKESPEARE CUANDO ERA UN NIÑO CONDICIONÓ POR COMPLETO MI VIDA. LO MISMO QUE PICASSO”
¿Y lo sigue siendo?
Sigo siendo un talibán del cine... aunque a veces el cine te lo pone difícil. No hay nada más deprimente que decir “hoy quiero 1r al cine” y coger la cartelera y no encontrar una sola película. Me cabrea. Hay días que digo: “Hoy quiero ver una peli en un cine, aunque sea mala”, porque lo que quiero es entrar en una sala y sentarme en una butaca. Y lo hago, ¿eh?
Rituales que desaparecen... no quedan tiendas de discos, no quedan quioscos de prensa, la gente va poco a las salas de cine... y hasta pareció, aunque no ha sido así, que iban a desaparecer los libros y las librerías, ¿no?
Bueno, pero es que con el soporte físico del libro tenemos una relación sentimental, casi sensual; a mí me gusta olerlos en papel, tocarlos, pasar y repasar las páginas, yo creo que es el mejor invento de la humanidad, por delante de la rueda.
O sea, según usted serían, primero el libro, luego la rueda, luego...
No, no, no, primero el libro, luego el lápiz... la rueda no me interesa. Pero sobre todo el libro. Cuando uno piensa que de vez en cuando todavía se descubren por ahí papiros enterrados en la arena, o que se localiza el trozo que faltaba de una obra de Menandro... eso es alucinante. El arte y la literatura son dos de sus pasiones. ¿Y el cómic? ¿Tiene que ver con Chico £Rita y con Dispararon al pianista una propensión suya al género?
No, la verdad es que nunca he sido propenso al género del cómic, y Mariscal me echa la bronca, claro, así que en parte me he ido convirtiendo a la causa. He descubierto muchas cosas gracias a él, como el Maus de Art Spiegelman o los libros del francés Frédéric Pajak, aunque más que cómics son ensayos ilustrados. Es que cuando éramos niños, en casa a mis padres no les gustaba que leyéramos tebeos.
¿Y eso?
A mí me encantaba Tintín, por ejemplo, pero yo nunca tuve un ejemplar porque era muy caro, y en casa, para un tebeo, no te daban dinero. Era más normal que yo
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estuviera leyendo Julio Verne o Salgari o Stevenson que un tebeo. Los tebeos en casa estaban mal vistos. En cambio, mis padres nos veían a mis hermanos y a mí leyendo la Ilíada y les parecía bien. Todavía tengo por ahí guardadas las ediciones de Crisol de la /líada, de la Odisea, de las Tragedias de Sófocles, de fvanhoe... que todo 1ba en el mismo lote. Y yo creo que leer las obras completas de Shakespeare en la editorial Aguilar y con traducción de Luis Astrana Marín cuando era un crío condicionó mi vida. Eso es un antes y un después. Lo mismo que Picasso. Descubres esas cosas de crío y te parece que has descubierto las cataratas del Niágara.
¿Por qué Picasso? ¿Qué le pasaba con él? Picasso es mi superhéroe, me fascina su estilo, su variedad, su personalidad, este malagueño en Francia revolucionando el arte del siglo XX... no sé, hay algo volcánico en Picasso, algo que arrasa con todo. Y eso de niño me impresionó Mi sueño era conocerle. Recuerdo que, una de las primeras veces que yo viajé a Francia, en autoestop y para recoger fruta, en realidad lo que deseaba era 1mtentar conocerlo. Pero en el camino se cruzó una historia de amor y eso nunca ocurrió
Pues no es por nada, pero encontrar hoy a un crío de 12 años pasando las tardes con Homero, Sófocles o Picasso no parece muy factible.
No, desde luego.
Usted ha hablado largo y tendido contra los planes de educación actuales, ¿qué cree que habría que hacer?
Hay tantas cosas que criticar de los planes de estudio... yo no sé quiénes los hacen, probablemente ahora ya los hacen las empresas. Desde luego, no se hacen los planes de estudio para hacer personas, ni para formar a la gente ni para hacerla mejor. Ahora mismo se hacen para crear productores y consumidores, y esto es muy triste. Ahora, en muchos colegios parece que con que cada niño tenga un ¿pad ya está todo hecho... Pues yo no quiero que haya ¿pads en los colegios, yo quiero que haya libros, cuadernos y lápices. Por desgracia, hace ya tiempo que la cuestión de los planes educativos parece más ligada a lo político que a lo educativo, ¿no cree?
A la hora de votar, lo que me gustaría es poder leer el programa educativo de cada partido político. De todas las reformas que se deben hacer en un país, la primera, la segunda y la tercera más importantes son las de la educación. Y luego lo demás. Pero no hay interés. Eso sí, presumen de que todos los niños tienen tableta. Dios mío.
Usted cree que...
Yo me paso el día estudiando. Me dedico a estudiar y de vez en cuando hago películas. Me dedico a llenar las lagunas que tengo. No se me ocurre otra cosa mejor que hacer en la vida que estudiar. —EPS
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MARISCAL,
MISTERIOSO
El padre de Cobi pasó cuatro años tras los pasos de Tenório Júnior, el músico brasileño desaparecido en la Argentina de Videla. Le dio vida en las viñetas y en los dibujos animados de Dispararon al pianista. No sin discrepancias con su coautor, Fernando Trueba.
por Miquel Echarri fotografía de Anna Huix
ilustraciones de Javier Mariscal
Javier Mariscal, en su estudio de Palo Alto, en Barcelona Y dos ilustraciones de la novela gráfica y la pelicula Dispararon al pianista, realizadas
con Fernando Trueba
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AVIER MARISCAL TIENE mucho que contar sobre Tenório Júnior. Ha pasado una parte muy sustancial de los últimos cuatro años “atrapado” en su mundo, escuchando su música y la de sus coetáneos, cómplices y amigos, condensando en centenares de viñetas su imagen y su vida. Tenório Júnior, pianista de jazz brasileño, fue un mártir de la cultura, pero también un simple peatón atropellado, a los 34 años, por los cruentos azares de la geopolítica latinoamericana. “Lo mataron porque era un tipo relativamente ¡joven y con pinta de bohemio”, explica Mariscal, “con su ropa oscura, su pelo largo y su barba descuidada”.
Ocurrió el 18 de marzo de 1976, apenas una semana antes del golpe de Estado que llevó al poder en Argentina a la junta militar de Jorge Rafael Videla. Francisco Tenório Cerqueira Júnior salió de noche a comprar un par de sándwiches en una cafetería de la calle de Corrientes, en Buenos Arres. Una patrulla policial clandestina lo secuestró y lo condujo a la Escuela Mecánica de la Armada, la tristemente célebre ESMA, el lugar en que se internaba, interrogaba y, con frecuencia, se hacía “desaparecer” a los sospechosos de subversión: “Hoy sabemos que le torturaron durante horas, puede que días”, prosigue Mariscal, “y que no les dijo nada porque no tenía nada que decir más allá de que era un músico extranjero y había acudido a Buenos Aires para dar un concierto acompañando al piano a Vinicius de Moraes”.
A los torturadores se les fue la mano. “Lo dejaron hecho un cristo”, y en cuanto la Embajada brasileña empezó a preguntar por su paradero, “decidieron matarlo para ahorrarse explicaciones embarazosas y un más que probable incidente diplomático”. Así
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PERFIL
de triste, así de absurdo. Un “genio” de la música brasileña fue “borrado del mapa” de un plumazo en su mejor momento, cuando estaba empezando a concretar su inmenso potencial. “Apenas le dio tiempo de dejar algo de obra. Solo grabó un disco como solista, Embalo, una maravilla que debo haber escuchado cientos de veces”.
De esa vergonzante tropelía y del hombre que la sufrió en sus carnes trata Dispararon al pianista, la película de animación que se estrena en España el 6 de octubre y la correspondiente novela gráfica editada por Salamandra. Una y otra llevan la firma de Fernando Trueba y Javier Mariscal (codirectores de la cinta, guionista y dibujante del cómic), un tándem que ya trabajó en un proyecto similar, Chico £ Rita, esa historia de amor transnacional entre dos attistas cubanos que se estrenó, con notable éxito, en 2010.
Mariscal (Valencia, 73 años) lleva aferrado al lápiz desde que llegó a Barcelona en 1970 persiguiendo una quimera: *Vivir sin reglas y haciendo dibujos”. Contribuyó a impulsar el cómic underground español desde revistas como Star o El Rrollo Enmascarado, creó personajes inolvidables como esa pandilla de hedonistas subversivos que eran los Garriris. Luego se asomó al diseño, que es, para él, “la sucursal comercial del dibujo”. Uno de sus Garriris, Cob1, “un perro aplastado”, según su propio autor, se convirtió en la más vanguardista de las mascotas olímpicas. Y su autor pasó a ser el referente del nuevo diseño barcelonés, dejando una profunda huella estética en una ciudad que se estaba reinventando a sí misma.
El dibujante nos recibe en Palo Alto, la antigua fábrica del barrio barcelonés de Poblenou convertida hoy en sede de una veintena de empresas culturales y creativas, empezando par su estudio: “Paso por aquí bastante a menudo”, nos cuenta, “pero ya no hago un horario de oficina estricto porque empiezo a tener una edad y, además, me he ido a vivir al campo, a una casa grande donde he instalado mus talleres de diseño, pintura y carpintería”. Y eso no es todo: “También tengo un huerto en el que cultivo mis verduras y paso las horas muertas buscando ranas y plantas acuáticas en el río y ordenando mis colecciones de libros, discos y cómics. Como veas, soy un hombre muy ocupado”.
Es, además, un interlocutor formidable, con dotes casi circenses para la conversación distendida. En alrededor de dos horas de charla, mientras fuma con deleite y parsimonia al arrullo del arre acondicionado, el artista gráfico valenciano reproduce conversaciones en media docena de idiomas, canturrea, toca un piano, unos tambores o un saxofón imaginarios e imita el acento, el lenguaje corporal y las expresiones faciales de las decenas de personajes que le van acudiendo a la mente en fértil desorden, de Fernando Trueba
ES LA SEGUNDA VEZ QUE TRUEBA Y MARISCAL FIRMAN JUNTOS UNA
PELÍCULA DE ANIMACIÓN Y UN CÓMIC, 13 AÑOS DESPUÉS DE CHICO €: RITA
El ilustrador, autor de cómics y diseñador valenciano, entre dos mesas llenas de dibujos preparatorios de Dispararon al pianista.
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PERFIL
MARISCAL TRABAJA AHORA EN UNA NOVELA GRÁFICA, UNA HISTORIA ILUSTRADA DE LA VIDA: “SI, ME TEMO QUE CON LA EDAD ME HA DADO POR PONERME UN POCO TRASCENDENTE”
a Vinícius o Videla, pasando por Toquinho, Pasqual Maragall, Bebo Valdés o Francisco Franco.
Mariscal no odia las entrevistas. Eso es algo que, según nos cuenta, se le atribuye desde hace años sin el menor fundamento: “En realidad, me encanta conversar sobre mis proyectos, sobre arte, sobre la vida. Lo que ocurre es que algunas entrevistas no son conversaciones, sino algo mucho más artificial y absurdo. No le encuentro sentido a que un tipo que me acaba de conocer se siente a preguntarme, sin preámbulos ni anestesia, cómo empecé, qué me inspira y qué futuro le veo al diseño valenciano. A los que me maltratan de esa manera sí que los mandaría a la mierda, como hizo Fernando Fernán Gómez”.
La inmersión en el mundo de Tenório ha supuesto para él un sobreesfuerzo creativo que le ha dejado exhausto: “Pensé que esta vez, gracias a la digitalización y a internet, sería un proceso bastante más sencillo que el de Chico £ Rita, pero lo único que ha acabado siendo es más barato. Me ha exigido unos niveles de autoexplotación en los que espero no volver a caer nunca más, cerca de cuatro años de trabajo muy intensos, con desencuentros y tensiones creativas”.
Los “desencuentros” fueron con Trueba, “un amigo con el que se trabaja bien, porque es de trato muy educado, constructivo y dialogante”, pero que acabó convirtiendo la película en algo distinto de lo que a Mariscal le hubiese gustado: “Fernando quería hacer un documental, y llegó a acumular alrededor de 120 horas de entrevistas con gente de todo $2
tipo, músicos, amigos, parejas y familiares de Tenório... Hace cuatro años me dijo que el proyecto se le había ido de las manos y que había pensado convertirlo en una película de animación, algo en la línea de Chico £ Rita. Me propuso que volviésemos a hacerlo juntos y le dije que sí, porque la historia me parecía fascinante”.
El problema fue que Trueba no estaba realmente dispuesto a que la película dejase de ser un documental: “Él es muy talibán, muy de ideas fijas. Escribió un guion de ficción y creó un par de personajes, Jeff y Joáo, el periodista estadounidense y el experto brasileño en bossa nova, que se obsesionan por la vida y muerte de Tenório, pero siguió aspirando a que la película fuese un resumen narrativo de esas 120 horas de entrevistas que él había recopilado”. El cineasta quería, según Mariscal, “levantar acta notarial de lo que sabemos y no ir ni un paso más allá. Había hecho una investigación muy completa y meritoria, acabando de esclarecer las circunstancias de la muerte de Tenório y entrevistando por vez primera a Carmen, la mujer del músico, o a Malena, su última novía, la que le acompañó en ese viaje fatal a Buenos Atres. Y quería que fuese eso, el fruto de su investigación periodística, lo que se viese en la pantalla”.
Mariscal no estaba del todo de acuerdo. Quería hacer uso del principal atributo de la ficción, el de “inventarse las cosas”. Quería, sobre todo, escuchar con más nitidez “la voz” de Tenório Júnior, un personaje del que ha acabado haciéndose, en su opinión, “un retrato incompleto, un tanto desdibujado”, como si fuese una presencía ausente en su propia historia: “A Fernando eso le gusta. Cree que lo que hace la película es proponerle al espectador una especie de puzle para que sea él quien haga encajar las piezas, y puede que tenga razón. Pero a mí me deja con una sensación agridulce, de oportunidad perdida”. Llegado a un cierto punto, cuando las discrepancias se hicieron evidentes, Mariscal planteó que estaba dispuesto a dar un paso al costado: “Este es tu proyecto, le has dedicado un montón de tiempo y de esfuerzos y tienes muy claro cómo quieres hacerlo. Así que Fernando escribe y dirige; Xavi dibuja. Pero él insistió en que fuésemos codirectores, como la otra vez, y me pidió que me involucrase todo lo posible”.
En lo que sí estaban de acuerdo es en las posibilidades que ofrecía la an1- mación para recrear de manera convincente el mundo de Tenório: “Parte del material que reunió Trueba resultaba muy poco cinematográfico. Por ejemplo, Carmen, la viuda, contestó a las preguntas dando la espalda a la cámara, por timidez y porque nunca antes había concedido una entrevista. ¿Cómo haces que algo así resulte atractivo para los espectadores? Puedes añadir partes dramatizadas, con, por ejemplo, Penélope Cruz haciendo de Carmen y Javier Cámara de Tenórío, pero hubiese resultado muy artificial”. La animación, en cambio, tiene una cualidad mágica: “Trae a los muertos de vuelta, te los muestra y permite al espectador, además, imaginarse cómo eran en realidad. Eso funcionó muy bien en Chico € Rita. Veías al percusionista cubano Chano Pozo, del que apenas se conservan imáge-
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Y av Ms o Las heroicas tiendas especializadas en música brasileña y el colorido del Carnaval de Río, plasmados en estas ilustraciones presentes en el cómic y en la película.
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nes, a Charlie Parker o a Dizzy Gillespie, no a actores caracterizados para parecerse a ellos. Y, en principio, tanto Trueba como yo queríamos ese tipo de recreación mágica del pasado para Dispararon al pianista”
Al final, la película, concluye, “está muy bien como está”. Mariscal la describe como “la idea de Trueba, con mi estética y con alguna aportación conceptual mía que él acabó aceptando”. Trabajar en ella le ha proporcionado intensas satisfacciones: “He hecho, con ayuda de colaboradores como el gran dibujante de cómics brasileño Marcello Quintanilha, una recreación exhaustiva de un mundo que me fascina, el de la América Latina de los años cuarenta, cincuenta, sesenta y setenta”. La de Tenório Júnior es, además, “una historia que merecía ser contada, ya sea en clave de documental animado, como al final hemos hecho, o con esa dosis extra de imaginación que a mí me hubiese gustado darle”. Mariscal no cree que a Trueba vayan a molestarle las objeciones que plantea a la película que han hecho juntos: “Fernando sabe bien cómo soy. Siempre veo el vaso medio vacío, mientras que él tiene la suerte de estar casi siempre conforme con lo que hace. Y yo no tengo filtros. He dicho siempre lo que pienso, para bien o para mal”. Y añade: “Fernando, además, me lo perdona todo. El hombre es así, tiene un sentido casi vasco de la amistad, es
muy comprensivo y muy leal. Yo soy más bien el típico valenciano, un pícaro mediterráneo que, por mucho que te quiera, sería capaz de acostarse con tu novia o apuñalarte por la espalda”
Mariscal habla también de otro proyecto al que está dedicando “esfuerzos intermitentes”, una novela gráfica “muy ambiciosa”, ni más ni menos que una historia ilustrada de la vida: “Sí, me temo que con la edad me ha dado por ponerme un poco trascendente. Creo que voy a tardar alrededor de un año en acabarla, porque me remonto muy atrás, a lo que había antes del Big Bang, que era la nada absoluta, y, a través de un personaje que ejerce de narrador omnisciente, una especie de Dios en versión Mariscal, intento explicar (y explicarme) todo lo que fue ocurriendo a continuación”. Cree haber llegado a un punto en que puede permitirse el lujo de trabajar solo en lo que le apetece. Ya ni siquiera se plantea cuál va a ser su legado, cómo van a recordarlo los que vengan detrás: “Me da un poco igual. Tengo la certeza de que cuando me muera se hablará de mí como un tío genial, porque este país es así, despotricamos de todo el mundo en vida y luego enterramos estupendamente. Incluso de Santiago Abascal se dirá algún día que era un gran tipo, que te tomabas un café con él y te echabas unas risas, que siempre te preguntaba por la familia. Así que en ese sentido estoy tranquilo”. Sí tiene claro de cuál de sus múltiples facetas en la vida se siente más orgulloso ahora mismo: “Creo que estoy siendo un buen abuelo. Mi nieta, que aún es un microbio, me dice, muy tranquila y muy segura, que yo no soy nadie para ordenarle que se vaya a dormir, porque, aunque sea su abuelo, no tengo ninguna autoridad sobre su cuerpo. Algo hemos hecho bien con ella si le hemos enseñado a ser una persona libre, que es lo más importante que se puede ser en este mundo”. —EPS
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UN AMOR” UN LIBRO, UN GUION, UNA PELÍCULA. VIA MOI ANNAN EN CONDICIÓN HUMANA, EL DESEO FEMENINO Y UNOS PERSONAJES DESTERRADOS DE SÍ MISMOS. LITERATURA Y CINE CON UN OBJETIVO COMUN: ROMPER CLICHÉES. JUNTAMOS A LAS DOS CREADORAS PARA HABLAR DE UNA HISTORIA QUE ENCARNAN EN LA PANTALLA LAIA COSTA Y HOVIK KEUCHKERIAN: EL RELATO DE UNA JOVEN QUE
ENCUENTRA REFUGIO EN LA ESPAÑA RURAL.
CONVERSACIÓN
por Jesús Ruiz Mantilla fotografía de Caterina Barjau
Sara Mesa e Isabel Coixet, la autora de la novela Un amor y la directora de la película homónima que competirá en el Festival de San Sebastián.
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N ESTA ÉPOCA de artificios
huecos resulta todo un reto
plantearse lo básico El influjo de una montaña, el regreso del trueque como consecuencia —en principio— de
la desigualdad, la humillación del poder, la exploración cauta pero decidida del
instinto. Una huida, un refugio, una intemperie, un Casero, un vecino, una gotera,
un huerto, un amor... Conviene no vaciar de contenido lo
fundamental, por muy alejado que lo percibamos. El frío,
el abuso, la seducción. La esperanza, la decepción, los celos, la tierra, un perro con c1-
catrices, la resurrección, un
cuento que desafíe los paradigmas... Enigmas nada difusos, opresivos y liberadores, presentes, reales. Búsquedas de sentido y evidencias del sinsentido. Todo eso se revuelve en Un amor, la última película de Isabel Coixet, basada en la novela del mismo título que Sara Mesa publicó en 2021 en Anagrama. La obra competirá por la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián, donde la escritora está deseando ver cómo se la toma el público. “Me intriga muchísimo comprobar las reacciones. La película es ambigua, tiene incluso menos concesiones con los personajes que la novela, arriesga bastante. La gente puede salir descolocada. Me apetece vivir ese nuevo capítulo, aunque desde otro lado, porque ahora le toca más a Isabel”, afirma la escritora.
No lo hace agradecida porque nos encontremos en casa de la cineasta catalana después de la sesión de fotos, ante una botella de blanco y un plato de jamón. Lo dice convencida y contenta con el resultado de lo que ha visto en pantalla. Sara Mesa le ha cedido a Isabel Coixet la historia y siente que camina en la misma dirección de sus intenciones. Pero la cineasta ha logrado con ella una película de su marca, aunque muy respetuosa con el espíritu del mundo que la autora inventó, llevándola a su terreno con una versión que nos retrotrae, entre otras cosas, a la bella y la bestia protagonizada por Laia Costa y Hovik Keuchkerian.
Coixet no la leyó con intención de adaptarla, pero en sus páginas halló rastros de sus obsesiones. Sobre todo, los de unos personajes desterrados de sí mismos, fuera de sitio, en busca de su lugar, aunque este se encuentre en el vacío. Es un asunto recurrente en su cine, por no decir, su gran tema, si nos atenemos a La vida secreta de las palabras, Mapa de los sonidos de Tokio, Elisa y Marcela, Nadie quiere la noche, La librería, Nieva en Benidorm .
“Antes que espectadora soy lectora”, asegura la directora. “Me metí en el libro de Sara porque me gusta su S6
estilo, los temas que trata y el punto de vista que emplea. Pero al adentrarme en sus páginas por segunda vez, de repente, aparecieron muchas imágenes. Pensé entonces en la película. Tampoco me planteé las intenciones que me hice a mí misma tras acabar La hibrería, en el sentido de que ya me resultaba suficiente escoger creaciones de otros y solo rodaría guiones originales. No, sencillamente, me hipnotizó, me atravesó y enseguida lo vi claro”.
No encontró la historia particularmente difícil de adaptar: “Una tiene que adentrarse en cosas que le tocan, aunque no sean completamente suyas”. Muchas obras escapan a menudo a las intenciones de sus autores y pasan a engrandecerse y a cobrar más significados en el ámbito sagrado de la soberanía del lector. “George Saunders, un autor que me encanta, dice que a veces los libros se revelan más inteligentes que las personas que los escriben”, comenta Sara Mesa.
Su intención en un principio se limitaba a contar la historia de una mujer que se va a vivir sola... Ni siquiera el campo era un factor a prior: importante. “Luego van apareciendo ciertas resonancias. Se trata de alguien que se enfrenta a cosas imprevisibles aunque, al tiempo, muy normales. El poder del libro, creo, reside en cierta desnudez contada con naturalidad y eso, a veces, espanta a la gente”, asegura Sara Mesa O la conquista y la entusiasma, como fue su caso, con este relato aparentemente sencillo pero radicalmente comprometido en indagar en lo profundo de la condición humana. “Entre otras cosas, toca la complejidad del deseo femenino, eso es lo que anda en el corazón de la historia”, asegura Co1xet. “Yo no sé lo que es el deseo femenino, pero sí me atrevo a decir que, si esta película la hubiera rodado un hombre, habría resultado algo completamente distinto”, afirma Mesa. “Todo en ella queda conducido por el efecto del deseo, el sexo no es más que una consecuencia de ello”, añade.
Pero importante... Más en la versión cinematográfica que en el libro. De hecho, en él solo se describe el primer encuentro en un capítulo, mientras que Coxxet triplica la apuesta e incluye en su película tres secuencias de época derríbando clichés. “Yo tampoco sé lo que es el deseo, pero sí cómo debía representarlo en pantalla, y me siento muy orgullosa de lo que finalmente ha salido. Para mí eran fundamentales los tempos de esa acción. Las elipsis, en qué momento cortar el plano para que sintamos que ha existido algo más allá de lo físico...”.
Y para ello ha contado con la completa entrega de dos actores como Laia Costa y Hovik Keuchkerian. El intérprete de origen armenio nacido en Líbano conecta plena-
Sara Mesa publicó Un armor en 2021 “El poder del libro, creo, reside en cierta desnudez contada con naturalidad”, asegura la escritora
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“ME INTRIGA COMPROBAR LAS REACCIONES. LA PELÍCULA TIENE INCLUSO MENOS CONCESIONES CON LOS PERSONAJES QUE LA NOVELA, ARRIESGA BASTANTE”. DICE SARA MESA
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“EL LIBRO HABLA DEL
PODER Y LA DESIGUALDAD. EN LA PELICULA
QUEDA CLARO”,
CUENTAN LA ESCRITORA Y LA CINEASTA
mente con El Alemán, su personaje. “Los dos tenemos las cosas claras”, asegura. ¿Como qué? “Pues lo que debe ser tu abecé, tu rutina, elegir con quién compartes tu vida, entender que te levantas con el sol y te acuestas con la luna y que no puedes dar de comer caviar a los cerdos...”
Metódico y práctico, Keuchkerian le dio a Coixet cinco versiones de El Alemán. “No es nada manipulador, sino claro, honesto. Muestra su vulnerabilidad con cuentagotas. Una cosa tiene clara: le dan asco quienes se dejan llevar por sus emociones”. De hecho, él las deja entrever mediante el cuerpo, y en este nuevo trabajo, el actor se ha adentrado en un terreno nuevo: las escenas de sexo. “Sabía que ese momento podía llegar en mi carrera”, dice el intérprete que protagonizó en un plantel colectivo la gran serie Antidisturbios, de Rodrigo Sorogoyen. “Para mí ha sido un trago, pero debo decir que ahí Laia me ayudó mucho y estuvo magnífica. Al final me había hecho tanto lío en la cabeza con eso que resultó todo mucho más fácil)”.
Lala Costa supo utilizar muy bien su experiencia para calmarle a la hora de afrontarlas. “Son lo más de mentira a lo que te puedes enfrentar en el cine”, afirma la actriz. *Pero para que salgan bien resulta fundamental la confianza entre tres: el director y los dos actores involucrados”. En todas ellas, Keuchkerian debía mostrar un potencial animal, pero también un punto de vulnerabilidad equilibrado junto a la aparente fragilidad de Costa. Es decir, la comunión entre la bella y la bestia.
Y esta debía quedar patente en tres actos, según la actriz. Coixet creía en un principio que con dos bastaría. Pero fue Costa quien la convenció de que necesitarían otra. “Cada vez me da más pereza rodar secuencias de sexo”, comenta. Se debatió entre Laia y Nat (la protagonista). “Aunque para mí, como actriz, había sido un al1- vio en principio resolver las dos que estaban planteadas, sentía que el personaje necesitaba otra más con vistas al desarrollo de la historia”. Se lo propuso a la directora, incluso con una idea concreta. Coixet no se opuso: “Vale, vamos a probar”. Y de ahí salió una secuencia clave. S8
Costa se ha empeñado a conciencia en defender a la protagonista. Se enfrentó desde el principio al reto con una advertencia de Coixet que, por una parte, le asustó y por otra le puso bien las pilas. “En su primer correo, que lo tengo guardado, me escribe: “Prepárate para interpretar al personaje femenino más odiado de la líteratura reciente..”, cuenta la actriz. Es algo que contfirma Sara Mesa. “Mucha gente la detesta. Tanto hombres como mujeres la han sometido a cierto linchamiento”.
Coixet, además, la quería recrudecer despojándola de algunos argumentos a favor que pueden encontrarse en la novela y Costa tenía por delante una apuesta más que arriesgada. “Yo me enfrenté a dos visiones de Nat y quise quedar en medio para que tanto Sara como Isabel la reconocieran”, comenta. Lo logró. El trabajo de quien el pasado año ganó el Goya a la mejor intérprete femenina por Cinco lobitos ha asombrado a la escritora. “Es brillante, me enseñó cosas del libro que yo no había sido capaz de percibir. Por ejemplo, por qué ante unos Nat se defiende y ante otros se repliega. Se trata de una persona quebrada y esa quiebra es importante que los espectadores la vean. Laia se ha partido los cuernos para que ocurra así y me ha generado un problema: ahora la veo en los personajes femeninos que estoy escribiendo”.
Sabemos pocas cosas de Nat. Apenas que se dedica a la traducción y no tiene un clavo. Por eso decide trasladarse al lugar donde encuentra esa casa que se puede permitir pagar, asediada por goteras y grifos donde corre el agua turbía. Lara Costa se empeñó en comprenderla. Enterarse de dónde podían venir esos agujeros negros en su vida, esa necesidad de huida. La tristeza, cierta apatía, rastros de depresión, una falta de autoestima, el cansancio... Cargar con un personaje cuyas reacciones puedan parecer lejos de cierta lógica. “Traté de elaborar previamente un retrato clínico”, asegura la actriz.
Habló con expertos en trato con refugiados. Co1xet sitúa a Nat antes de que llegue al pueblo donde se instala en centros de traducción con víctimas de abusos en sus lugares de origen. Ha vivido en el corazón de la tortura, conoce el sonido de la guerra y el golpe del maltrato. “Me adentré a fondo en esos mundos hasta quedar casi emocionalmente anestesiada. Pero debía entender en qué consiste la jerarquía del dolor. Después de estudiarlo a fondo, todo me parecía banal. Este papel ha sido, hasta ahora, el gran reto de mi carrera”, afirma Laia Costa.
Su trabajo la obliga a ser fiel al poder de los conceptos que Sara Mesa desgrana en su obra. “Una palabra equivocada puede arruinar la vida de terceros”, cuenta Costa. En eso, el libro entronca, entre otros referentes, con el dest1- lado mundo de Álvaro Pombo, por ejemplo. “Una palabra no representa completamente la realidad. La dimensión
"Sencillamente, me hipnotizó, me atravesó y enseguida lo vi claro”, cuenta Corxet sobre la inspiración que supuso para ella el libro de Sara Mesa
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CONVERSACION
“SABER DE QUE VIVEN MIS PERSONAJES ES FUNDAMENTAL PARA EXPLICAR
SUSACTOS”,
DICE ISABEL COIXET
del lenguaje en esta historia es muy fuerte”, asegura la autora. Pero eso, al cine, no se puede trasladar. De ahí que el trabajo de Laía Costa deba traducir en su rostro un montón de significados. Y lo logra. Sus gestos conllevan un metalenguaje y encarnan las descripciones conceptuales que Mesa incluye en sus páginas y la cámara de Coixet no podría transmitir si no es gracías al trabajo actoral.
Por eso también la cineasta tenía clarísimo el reparto de los protagonistas y del resto de intérpretes, entre los que se encuentran Hugo Silva, Ingrid García-Jonsson, Luis Bermejo y Francesco Carril. A Hovik Keuchkerian no lo conocía personalmente, pero sí quedó asombrada por su trabajo en Antidisturbios. “Había momentos en la serie en los que estaba callado y despedía una presencia en sí hipnotizadora”, recuerda Coixet. También se empeñó en no dulcificar su presencia, sino en mostrarlo tal cual apareciera, con su metro noventa y sus 130 kilos. Un armario curtido con las cicatrices de los golpes que recibió en su etapa de boxeador. A la actriz sí la conocía tras haber trabajado con ella en la serie Foodie Love. “Haré la película si tú decides meterte en ella conmigo, le dije a Laia”, recuerda. Y según Sara Mesa, para la intérprete, la apuesta entrañaba mucho riesgo: *Concebí a Nat como alguien que se maneja con cautela ante los demás. Eso hace que el personaje, a algunos, no les caiga bien. Pero es que los personajes no tienen que caer ni bien ni mal”.
Esa crudeza ausente de concesiones es uno de los rasgos de Mesa que más convence a Coixet. “No le importa mostrarse nada complaciente, a mí el mundo Mr. Wonderful tampoco me interesa”, dice la cineasta. De hecho, define su nueva película así: “Una versión Puerto Hurraco de La librería”, aunque la obra con la que más entronca dentro de su filmografía, cree, es con La vida secreta de las palabras.
“Prepárate para interpretar al personaje femenino más odiado de la literatura reciente”, recuerda Laia Costa que le escribió Isabel Coixet
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El campo no aparece como una arcadia rural. De hecho, es una consecuencia que muestra la pobreza de la protagonista. “Se va a vivir allí porque no puede permitirse otro sitio, si lo elige se debe a una cuestión económica, el libro habla del poder y la desigualdad. En la película queda claro. Nat se mofa del discurso bucólico. El escenario es importante, pero no hablamos de una historia sobre la necesidad de escapar al campo”, recalcan la escritora y la cineasta. “Siempre me pregunto de qué viven mis personajes. Cuánto cobran. Algo fundamental para explicar sus comportamientos: cómo afrontar el problemón de la gotera, el hecho de tener que aguantar a ese casero insoportable”, dice Coixet.
Un tema fundamental en la obra de Mesa son las interacciones sociales. “Me interesa describir cómo funcionan las comunidades y generan esas dinámicas perversas de exclusión, aunque vayan disfrazadas de buen rollo”, asegura la escritora. “Ese te aceptamos pero que quede claro que no eres como nosotros y, además, estás vigilada”. Ese no te creas que vas a venir aquí a darnos lecciones. El peligro de lo suave suavecito, del que habla una autora como Marta Sanz”, comenta Sara Mesa. “Las microagresiones, esos toquecillos, ese no escucharse, la hostilidad cotidiana. Yo siempre que escribo hablo sobre el poder, sobre esa violencia que no se detiene, que cae como una gota malaya destructora. Lo pequeño resulta muy útil para explicar cómo funcionan determinados mundos, poseen gran potencial para expresar varios demonios”.
Corxet lo ha trasladado así a la pantalla: de forma sutil y monstruosa al tiempo, destrozando un catálogo de convenciones y sin contemplaciones salvo para personajes como S:eso, el perro que Nat adopta al llegar al pueblo. “No está maquillado, es :ntersex, cierto, un perro del que se dan poquísimos casos y no lo sabía al conocerlo”, comenta la directora. Aquellas cicatrices cruzadas en el rostro, esa huraña reserva le sentaba bien a una historia en la que debía producirse una comunión de intereses entre el animal y la protagonista. “Eran lo mismo, venían de traumas similares”, comenta Mesa. Fueron aspectos que ella vio en el guion desde el principio, aunque le intrigó sobre el papel cómo Co1xet aplicaría ciertos cambros. “Yo siempre advertí que no quería participar en el proyecto. Confié plenamente en Isabel. Me pareció que debía hacer su película. Al leer el guion encontré más cosas que me chocaron que luego cuando vi la película. En pantalla, cobraba sentido”.
El de la visión de una cineasta que, con un pequeño matiz, logra acercar cualquier historia a su propio mundo. “Para mí, ha sido un aprendizaje, lo veo como el trabajo de una directora de orquesta”, recuerda Sara Mesa. “Fui al primer pase de la película con respeto y cariño, porque ¿quién no coge cariño a esta mujer? Me presenté allí con la mejor actitud, aunque con la prevención de que podía no gustarme. Y, aun así, no hubiera habido problema”. —EPS
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CARLA SIMÓN:
ECOS DE FAMILIA EN GALICIA, +
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REPORTAJE
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Exterior, día: ría de Vigo. La cineasta anda buscando localizaciones para su próxima película, Romería, que cerrará con la historia de sus padres la trilogía familiar que inició con Verano 1993 y prosiguió con Alcarrás. “Es un viaje para hablar de la importancia de la memoria”, dice Simón, que recogerá el día 23, en San Sebastián, el Premio Nacional de Cinematografía.
por Fernando Navarro
fotografía de Daniel Ochoa de Olza
TREN ABRAS O
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AS AGUAS, RESGUARDADAS del mar abierto, están tranquilas en la playa de Liméns cuando Carla Simón (Barcelona, 36 años) se detiene con su cámara. Sus pies pisan la fina arena mientras observa a una pareja con su hija, dispuesta a salir corriendo y lanzarse al agua. Hay algo que le ha llamado la atención a la directora. Con unos movimientos lentos, se pone la cámara fotográfica cerca del ojo izquierdo, enfoca y dispara. Simón está trabajando en localizaciones para su nueva película en la ría de Vigo y, después de muchos disparos fotográficos, este último la deja pensativa, como si hubiese hallado uno de esos “lugares abstractos” que anda buscando. Camina con sus pensamientos y en silencio y, poco después, se pone a hablar del sitio donde vivían sus padres, justo al otro lado de la ría. “¿Ves ese edificio más grande que los demás””, señala con el dedo a un horizonte difuminado por la tímida bruma matinal y en el que se divisa parte de la silueta de Vigo.
ES UNA PELICULA SOBRE SUS PADRES. “QUISE DESCUBRIR SU PASADO. LA
GENTE PASA, PERO LOS SITIOS QUEDAN”
“No las torres, sino el otro edificio, el más feo”, dice con una risa. “Ahí vivieron mis padres”.
La mirada de Carla Simón nunca es casual. Su forma de observar la realidad a través de sus películas y cortometrajes ha sido uno de los mejores y más celebrados acontecimientos del cine español en los últimos años, tanto por su éxito en España y Europa como por su estilo especial y distinto, que le ha valido el reconocimiento este mismo año del Premio Nacional de Cinematografía, un galardón que, cosechado con tan solo dos películas, Verano 1993 y Alcarrás, antes habían ganado cineastas como Carlos Saura, Luis García Berlanga, Fernando Trueba, Pedro Almodóvar, Juan Antonio Bayona o Isabel Corxet. “Intento no pensarlo mucho”, reconoce. “No creo que sea bueno crear desde esa presión. Por eso, me repito mucho a mí misma: “Nadie está esperando mis películas”. Lo que es seguro es que a sus filmes se los reconoce como obras de valor cinematográfico: Verano 1993 ganó en 2017 dos goyas —a la mejor directora revelación y al mejor guion original— y Alcarrás se llevó en 2022 el Premio Feroz al mejor largometraje y el Oso de Oro de la Berlinale a la mejor película, convirtiendo a Simón en la primera mujer española en ganar en el festival berlinés. Desde entonces, su nombre se ha hecho relevante en el circuito del cine independiente internacional.
Hoy, la cineasta está trabajando en el que será su tercer filme, Romería, una historia de sus padres que, según ella, es por encima de todo “un viaje para hablar de la importancia de la memoria”. Afirma que cerrará la trilogía familiar después de que en Verano 1993 hablase de su propia historia como niña a la que se le murieron sus padres y Alcarras lo hiciese sobre la vida campesina de sus tíos. Cámara fotográfica en mano, Simón espera en la puerta de un chiringuito para empezar a localizar durante toda la mañana en distintas playas. Conoce este
La cineasta posa para un retrato en el jardín de una casa de Cangas En la página siguiente, Simón, cámara en mano, localiza entre rocas de la playa de Liméns, cerca de Cangas, Pontevedra.
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REPORTAJE
terreno después de visitarlo cuando tenía 20 años con el fin de saber más de la familia de su padre, que era gallego y falleció cuando ella apenas tenía tres años. No tiene recuerdos de él. Su padre, Kin, y su madre, Neus, vivieron en Vigo antes de que ella naciese y, después, se separaron. La hija empezó a tener verdadero interés en esta tierra gallega, tan lejana del espacio mediterráneo donde creció, a partir de leer las cartas que su madre escribió sobre el mar. “Quise descubrir su pasado”, asegura. “La gente pasa, pero los sitios quedan”.
Las boyas amarillas flotan plácidas en un agua en calma. Los cormoranes han cogido sitio en primera línea del saliente de rocas que separa la playa de Liméns con la de Santa Marta, un lugar propicio para los pescadores madrugadores y para contemplar unas preciosas vistas de un archipiélago declarado parque natural. “Creo mucho en la sensación de los sitios”, explica la cineasta a medida que se adentra por la duna que, más adelante, llevará a una zona montañosa, donde hay una casa en lo alto que le gusta como una posible localización. La casa para Romería, que la cineasta empezará a rodar en 2024
y quiere estrenar en 2025, debe ser “un lugar con historia, una casa vivida”, y desde su jardín, puntualiza, tiene que verse el mar.
Un mar que está ahora manso y bello con las tradicionales dornas gallegas flotando como adornos alrededor de las islas Cíes. El paisaje ha jugado siempre un papel esencial en el cine de Carla Simón. “Busco el feeling. Está el paisaje como fotografía y también el paisaje que me transmite algo”, explica por el sendero que bordea la ría. Verano 1993 mostraba el ambiente mediterráneo de un pueblecito de Girona: las huertas, los caseríos, las fiestas populares, los gigantes y cabezudos... Alcarrás, por su parte, se adentraba hasta el corazón de Lleida, en la comarca de Segria, que linda con la frontera aragonesa, a orillas del río Segre: los melocotoneros, los campos de cereales, las lomas y colinas vegetales, las piscinas de piedra, los riegos de vino... “Para mí es muy importante escribir desde los sitios donde voy a rodar”, cuenta la directora y guionista. El paisaje es para Simón un lugar que se expresa junto con los personajes, un espacio donde se generan conflictos emocionales y sociales y termina por
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dar una dimensión afectiva al conjunto. Sus largometrajes y sus cortos parecen documentales en los que lo íntimo se presenta con una naturalidad asombrosa y adquiere un valor simbólico. “Me gusta que parezca que las cosas pasan enfrente de la cámara como por casualidad”, expl1- ca. “Cuando me dijeron que Verano 1993 parecía un documental, me quedé muy loca. No quería que pareciese un documental. Quería que pareciese la vida. Al final, me di cuenta de que, si parece un documental, es porque parece la vida”. Con Alcarrás también se lo dijeron, más aún cuando, con algunos actores que habían sido campesinos, muestra con detalle la cotidianidad de una familia que se desloma trabajando la tierra y lucha por sobrevivir ante el avance tecnológico. “Hacer cine tiene algo de acto político a pesar de que lo hagas desde una intimidad muy concreta”, señala.
Su mirada cinematográfica, por tanto, es singular, una especie de mezcla entre el neorrealismo italiano y la nouvelle vague francesa. Como decía la cineasta belga Agnes Varda: “No estoy detrás de la cámara. Estoy dentro de ella”. Carla Simón también está dentro. “Que parezca un documental no quiere decir que hemos llegado ahí y hemos filmado cosas sin más. Nada más lejos de la realidad. Yo escribo y pienso todo. Cuando en Verano 1993 hay un momento en que la niña mayor mira el jamón, no es por cuestión de suerte. Habrá quien diga: “Qué bien. Esa niña ha mirado el ¡jamón y es más real. Es real porque yo le digo a la niña que mire el jamón”, cuenta. Y cita a la directora Lucrecia Martel y sus diálogos como fuente de inspiración: “Están muy bien atados y se conectan en toda la película. Hay poca gente que sepa escribir los diálogos más parecidos a la vida que ella”.
Es miércoles y Carla Simón se encuentra en el caserío que ha alquilado en Cangas su productora, María Zamora. El día anterior fue jornada de localizaciones, pero hoy la cita es más relajada, perfecta para poder sentarse en el jardín y charlar sin prisa. A los niños de María Zamora se los oye y ve jugando al otro lado de los frutales mientras que, en la vieja cocina, su pareja, Valentín, da de comer a su hijo Manel. Es como si estuviésemos en una escena de una película de la propia Simón, quien se sienta en un banco con un té recién hecho. “Hago cine porque soy muy cotilla”, dice entre risas. “Me gusta la gente y me interesa mucho cómo funcionamos. Con 13 años o así me di cuenta de que los adultos de mi familia se equivocaban y me fasc1- naba”. La familia ha sido una constante en su obra. “Son relaciones que te marcan y muy interesantes porque no las eliges. Por eso, son tan complejas. Con los amigos también nos puede pasar, pero, si no te gustan las relaciones, te vas y te buscas otros. Con la familia no se puede hacer. Hay mucho amor, pero, precisamente, por ese amor incondi- 48
LA DIRECTORA QUEDÓ HUÉRFANA
DENIÑA. “LA AUSENCIA DE MI
MADRE DA SENTIDO A MI CINE”, DICE
cional hay otras emociones complejas. Es una fuente de inspiración muy grande”. Cuenta que las películas que se le quedaban dentro desde joven eran aquellas en las que tenía “la sensación de estar viendo la vida, como un cachito de realidad”. El cachito de realidad del cine de Simón no puede entenderse sin la ausencia de sus padres y, más concretamente, la de su madre, tal y como se vio reflejado en Verano 1993. Frida, aquella niña de pelo rizado maravillosamente interpretada por Laia Artigas, era la propia Carla, quien rememora el día que se enteró de la muerte de su madre: “Estaba en casa de mu tía abuela durmiendo con mi prima. Me vinieron a buscar mis padres adoptivos, que son mi tío y mi tía. Nos tomamos algo y recuerdo que me pedí un trinaranjus. Me contaron que mi madre había dejado de vivir. Con esas palabras. Al principio, decía que era mentira. Luego, me enseñaron unas fotos de mis tíos y mi prima en las que estaban en la nieve y me dijeron que esa iba a ser mi familia, que iba a tener una hermana y un padre porque yo también había perdido a mi padre hacía años. Mi madre adoptiva me contó mucho después que me puse a leer un cartel publicitario, como para demostrar que sabía leer y como diciendo: “Vale, ya lo he entendido. Podemos seguir”. Al final, los niños se adaptan rápido, mucho más que los adultos”.
Con todo, la cineasta, aparte de Verano 1993, también escribió y dirigió el cortometraje Carta a mi madre para mi hijo, una fábula en la que se inventa una conversación epistolar imposible con su madre fallecida para contarle que está embarazada y que se encuadraba dentro de una interesante iniciativa de cortos dirigidos por mujeres en la que ya habían participado Lucrecia Martel, Agnes Varda o Alice Rohrwacher. Como con la película que está ahora localizando, la memoria individual para ella es importante porque marca la memoria colectiva. “Memoria es identidad por encima de todo. Hay necesidad de recuperar la memoria sobre todo para definirnos. Siento que estamos en un momento en el que no le damos
En la página siguiente, Carla Simón toma una fotografía junto al faro de Porta, en la isla de Faro, en las islas Cíes “No soy explícita porque la vida lo es poco”.
EL PAÍS SEMANAL
REPORTAJE
tanto valor como antes”. Su cine recupera memoria y lo hace a través de la sutileza. Quizá sea la palabra que mejor describe su obra. “Reconozco que es una obsesión no ser explícita porque creo que la vida lo es poco”, asegura. “Me parece muy mágico ese juego que le das al espectador cuando no le concedes ese todo masticado. Me pasa que, cuando lo hacen conmigo, me mosqueo y digo: “Déjame que lo vea por mí misma”.
Considerada una de las nuevas grandes creadoras del cine español, a Simón no le importa ser encasillada dentro del cine de autor: “Entiendo el concepto de cine de autor como un sinónimo de cine independiente. Pero soy consciente de que me alejo de esa manera más conceptual del cine donde el plano tiene que ser este para que se note que está el director detrás. Yo soy todo lo contrario: a mí no me gusta que se me note”. Y sentencia: “Cómo
EL PAÍS SEMANAL
colocas la cámara tiene mucho que ver con quién eres”. Apacible y sencilla, ella es una persona que transmite sosiego incluso cuando habla de la última ceremonia de los Goya, donde Alcarrás no se llevó ningún premio frente al triunfo aplastante de As bestas, de Rodrigo Sorogoyen. “Tenía clarísimo que no nos iban a dar ningún Goya”, dice. “La Academia debe hacer un esfuerzo para renovarse e invitar a cineastas más jóvenes y a más mujeres. Debería representar a todo el cine español y ahora mismo no lo hace. Me parece igual de alarmante que Albert Serra no se llevase ningún premio como que, por ejemplo, no lo hiciese Alcarras”.
Es jueves y Simón regresa a las islas Cíes para seguir localizando. Lleva casi dos semanas viviendo en Cangas junto a su pareja y su hijo. Dice que hoy su principal reto es la conciliación y que, por eso, localiza sin dejar de atender cada día a su hijo, que la acompaña en el barco hasta las Cíes. “Un niño te cambia la vida y te enseña a compartir más. Para mi cine será positivo”. En esta esquina paradisiaca del Atlántico, el tiempo parece transcurrir más despacio. “Cada película que haga en el futuro quiero que sienta que me lleva a un sitio nuevo”, señala. “Siempre pienso en la cajita de DVD de Agnes Varda que tengo en mi casa. Tiene una coherencia, un discurso y una búsqueda constante. Es luz para mí. Es más importante pensar en crear mi propia cajita de DVD para cuando me muera que lo que pase con la siguiente película”.
Esa cajita acaba de empezar a hacerse. Una directora cuya mirada quedó marcada aquel día que con seis años se pidió un trinaranjus y le dijeron que su madre había dejado de vivir. “Hago cine por muchas cosas, pero esa idea de contarme a mí y lo que me rodea es una necesidad que tengo para lidiar con la ausencia de mi madre. Da sentido a mi cine”. Y, con la ría de Vigo quedando en el horizonte, señala: “Mi mirada es una mirada a la vida y es compleja. Nunca hago las cosas blancas o negras. Todo tiene muchos matices”. Sigue con su cámara en la mano, buscando matices. Alguno tan llamativo como el que vio en la playa de Liméns y, desde cierta lejanía, captó a esa niña con sus padres. Tal y como contó entonces, todas las imágenes de la cámara irían a carpetas donde les pondría una marca con los colores rojo, amarillo y verde. “Como si fuera un semáforo: el rojo se descarta, el amarillo queda en duda y el verde va a la película”. No se sabe aún el color de la marca que llevará esa imagen captada con la niña que, con su aire menudo, recordaba a Frida en Verano 1993. Solo se puede decir que Carla Simón estaba buscando “lugares abstractos”, aquellos que tienen que ver $con una emoción”, y quizá en esa pequeña, a punto de irse al agua bajo la alegre mirada de sus padres en la playa, se vio a sí misma con los suyos en un recuerdo imposible. —EPS 49
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por Elsa Fernández-Santos
1, Carlos Saura, durante el rodaje de La tarde del domingo, el trabajo de prácticas con el que terminó sus estudios de cine en la Escuela de Cine de Madrid en 1957, 2. En compañía del productor Elias Querejeta (centro) y del director Víctor Erice, durante un viaje en 1974. 3. Saura canta en una azotea junto con sus hermanas Ángeles (a la guitarra) y Pilar, en una imagen de 1962.
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Aunque Carlos Saura siempre sostuvo que no perdería el tiempo redactando sus memorias, al final lo hizo. De imágenes también se vive es el relato, en texto e imágenes (procedentes del archivo personal del cineasta), de una vida de pasión por el cine, la fotografía, la pintura, la música...
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1. Juego de espejos junto a Geraldine Chaplin, su pareja de entonces, en un hotel de Suiza en 1974. 2. Ángeles, hermana del cineasta,
retratada por el propio Carlos Saura en 1953 3, El pintor y el cineasta Antonio Saura (izquierda) y Carlos Saura, durante una visita de los dos hermanos al Museo de Historia Natural de Londres. 4. La actriz barcelonesa Eulalia Ramón, pareja de Saura entre 2006 y 2023, junto a la hija de ambos, Anna Saura Ramón, juntas en su casa de Collado (Madrid) en 1999, cuando la niña tenía cinco años.
EL PAÍS SEMANAL de
UNQUE EN ALGUNA Ocasión
aseguró que no perdería el
tiempo eseribiendo sus memorías, Carlos Saura se acabó
traicionando a sí mismo y tres
años antes de su muerte (falleció el 10 de febrero de 2023. a
los y1 años) empezó a redactarlas. En su descargo hay que
decir que seguramente no lo
hubiese hecho sin el insospechado desafío de una pandemia. La soledad impuesta, especialmente cruenta con los ancianos, colocó al cineasta ante su propio espejo. Saura tituló esas memorias, que ahora se publican, De imágenes también se vive (Taurus) Trabajo en ellas hasta sus últimos días, aunque no las acabó. Su estilo fragmentado responde al propio carácter de su autor, a su vida entre sueños, y a que, como su hermano, el pintor Antonio Saura, tenía “la manía de llenar tableros de corcho de una iconografía particular”.
Creador incansable que se implicó en proyectos escénicos y documentales hasta el final de su vida, a Saura le gustaba bajar a Madrid desde su casa de Collado Mediano en el tren de cercanías, pero con las alas cortadas por la alarma sanitaria global solo le quedó volar por la memoria, repasando álbumes y textos en el ordenador de su abigarrado estudio, un lugar repleto de cámaras, apuntes, postales, dibujos y fotografías. Una habitación con vistas que era el corazón de una casa y ese tablero visual de una vida: “Ese tablero se renueva de vez en cuando”, escribe Saura en su libro, “no solo cuando una convulsión sentimental da al traste con años de vida en común y por lo tanto de recuerdos fotográficos, sino porque de vez en cuando surge la imperiosa necesidad de renovar la iconografía y ponerla al día”.
En ese lugar, donde nunca faltaron animales y niños, el cineasta empezó a desempolvar rincones de su infancia y primera juventud, médula de una existencia plena marcada por la sombra de la Guerra Civil pero iluminada por los recuerdos de un hogar que sorteó con música y juegos las terribles circunstancias. Saura recuerda cómo su padre, vinculado al Gobierno de la ll República, cuando el sitio de Madrid ya no daba tregua, improvisó una hoguera en el salón con la madera de las puertas de la casa. Creció asustado por las bombas, pero bajo el amoroso amparo de sus padres, Fermina y Antonio; la complicidad y camaradería con su hermano mayor, Antonio, enfermo y postrado en la cama durante casi toda su adolescencia, y el afecto de sus hermanas, María Pilar y Ángeles.
En uno de los mejores pasajes de su libro, resume así su paso por el mundo: “Con el estado de ánimo de quien reconoce que la vida ha sido amable, y que sería un desagradecido si no reconociera que hasta ahora los momentos placenteros han superado con creces aquellos otros
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1. El director en una de las localizaciones del documental Cuenca, que rodó entre 1956 y 1957 2. Carlos Saura y Luis Buñuel en 1982 en México, donde Saura rodaba su película Antonieta 3. Saura, en una silla de ruedas, junto al gran José Luis López Vázquez, en un descanso del rodaje de £f/ jardín de fas delicias, en 1970 4. Con Sara Montiel en 1966, en la cena de celebración del Oso de Plata en Berlín por La caza.
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FOTOENSAYO
dominados por la amargura y la desesperación, ahora me encuentro, con go años en las espaldas y en otro siglo del que nací, en condiciones de reflexionar sobre la persistencia de ciertas imágenes en la retina. Esas imágenes me han acompañado para recordarme que sí hay una respuesta a las grandes preguntas: ¿de dónde vienes y adónde vas? Vengo de allí, de la guerra. Voy allá, hacia la muerte, y entre medias la vida de cada día”.
Desde muy joven, Saura mostró su interés por diferentes disciplinas artísticas. La fotografía, la pintura y la música formaban parte del calor familiar. Pero la pasión por el cine nació en la calle, cuando en el Madrid pobre y apaleado de la posguerra el pequeño se escapaba a las sesiones de los cines de barrio cercanos a su casa familiar de la avenida de Menéndez Pelayo para ver una y otra vez la versión de los años treinta de El pristonero de Zenda.
Saura evoca con precisión los primeros días de la guerra: los desfiles de milicianos con el puño en alto, las canciones, las ventanas de la ciudad cerradas y los ¡juegos inocentes en un descampado contiguo a su edificio. También el hambre y los muertos. Una experiencia traumática que acabará reflejada de forma alegórica en películas tempranas como La caza (1966), El jardín de las delicias (1970), o La prima Angélica, filme de 1974 seleccionado para el Festival de Cannes que hablaba de la contienda desde la memoria de los vencidos y que se convirtió en diana mediática para la olla a presión de la agónica dictadura. La película provocó tal revuelo que acabó con el cese de dos ministros y algunos altercados ultras, incluida una bomba en la entrada del cine Balmes de Barcelona y un intento de robo de varios rollos de la película en otro cine, el Amaya de Madrid. Según Saura, que escribió el guion con Rafael Azcona, fue una conocida frase de Valle-Inclán la que le dio la clave narrativa que perseguía: “Las cosas no son como las vemos, sino como las recordamos”.
Mucho antes de aquel suceso clave en la historia del cine español, la fotografía le permitió ganarse la vida muy pronto y configuró su manera de documentar la realidad y, por tanto, de filmar. Es imposible trazar el multifacético legado cinematográfico de Saura sin el eje de su ojo fotográfico. Su filmografía, más de medio centenar de largometrajes y mediometrajes, responde a épocas y tentativas muy dispares, con aciertos y tropiezos, éxitos internacionales incontestables y un homenaje final un día después de su muerte, el Goya de Honor, que sirvió de colofón para catalizar la admiración e influencia de su obra en las nuevas generaciones de cineastas.
Fue vanguardista por vocación, con un oído desprejuiciado que conectaba con las raíces y modas populares y un instinto que le permitía avanzar sin miedo a cambiar y equivocarse. Entre sus prácticas para el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas, embrión de la Escuela Oficial de Cine, destaca el cortometraje que le valió el título de fin de carrera, La tarde
El PAÍS SEMANAL
del domingo. Como en Los golfos (1960) o en Deprisa, deprisa (1981), a Saura le atraía el desasosiego y frustración juvenil, su inmediatez emocional. Rodada en 1956, la película se detenía en una criada, interpretada por Isana Medel, que combate su insignificancia dentro de una sociedad gris con el sueño de cada domingo, salir con sus amigas e ir a uno de los locales de baile que entonces había en Madrid, concretamente, a uno de los más concurridos, situado en los bajos del cine Salamanca. Saura sacó a la calle una cámara de 35 milímetros, algo excepcional en la España de entonces, y archivó la realidad de aquel lugar como dos años después haría con los documentales Cuenca o con su participación en el malogrado Carta de Sanabria.
Su obra está además ligada a la colaboración con las mujeres de su vida. Su primera esposa fue la profesora, escritora y directora Adela Medrano, madre de sus hijos mayores, Carlos y Antonio; la actriz Geraldine Chaplin, madre de su tercer hijo, Shane, trabajó estrechamente en una etapa crucial de su cine, aportándole un importante bagaje intelectual y cultural; con Mercedes Pérez tuvo a sus hijos Manuel, Adrián y Diego, y con su compañera en las últimas décadas, la actriz Eulalia Ramón, a Anna, su única hija y el ojo derecho de su padre hasta el final.
Aunque en su trayectoria hay de todos los géneros, él picoteaba entre los hitos de su filmografía sin demasiado interés en mirar atrás. Ese sabio desapego, como su curiosidad de aprendiz con lo nuevo y desconocido, le dotaban de una generosa naturaleza, algo que apreciaban muchos de los actores y colaboradores que trabajaron con él. La preparación de sus memorias no fue una excepción. Durante los últimos meses de su vida, Saura compaginó pasado y futuro mientras terminaba el documental Las paredes hablan y los ensayos de Lorca por Saura con los recuerdos de casi un siglo recogidos ahora en De imágenes también se vive. —EPS
Todas las fotografías de este reportaje pertenecen al libro De imágenes también se vive. Casi unas memorias, de Carlos Saura, publicado por la editorial Taurus y cuya edición ha estado a cargo de Elsa Fernández-Santos.
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autor, el director italiano
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películas y por la quimera
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durante un sofocante domingo de verano, nos
habló de Netflix, de Barbie y
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y el director está
trabajando en un
despacho lleno de libros, fotos y documentos sembrados sobre el escritorio: un ensayo sobre la relación de Pasolini con el fútbol, una novela de Luis Landero que confiesa que todavía no ha leído, una figurita de Don Quijote —con quien no cuesta adivinar que se identifica—, un cubo de Rubik a medio resolver y el dosier de prensa en italiano de su última película, El sol del futuro, que llegará a las salas españolas el viernes que viene.
En una cómoda reposan los premios conseguidos en los mayores festivales de cine, dispuestos por orden de importancia, con la Palma de Oro por La habitación del hijo en el centro. Al lado hay un diván, que nos recuerda su afición al psicoanálisis, bajo el póster de una vieja película de Jerry Lewis. Y en las estanterías del pasillo, empapelado con carteles de sus proyectos, una gran colección de DVD que abarca desde la filmografía de Kieslowsk1 hasta la primera temporada de Friends. Tormento existencial y una pizca de megalomanía neutralizada por un tremendo sentido del humor, en un piso elegante y algo decadente en el que el aire acondicionado ha dejado de funcionar: los interiores, y no los ojos, son el espejo del alma.
Detrás de la persiana se entrevé esa Roma cotidiana que refleja su cine, de una belleza no monumental, como si fuera el backstage de la teatralidad católica que caracteriza al centro históri-
PERFIL
co. El barrio de Moretti se llama Monteverde, en el lado derecho del Tíber. Se encuentra justo encima del mítico Trastevere, donde el director abrió en 1991 una sala de cine, el Nuovo Sacher, en un antiguo local del dopolavoro fascista, creado por Mussolini para distraer a los obreros en sus horas de ocio. Hoy lo pueblan viejos izquierdistas un tanto aburguesados. Esa es su Roma. “Me cansa cada vez más, pero es mi cruudad. Nunca me he imaginado viviendo en otro sitio”, asegura el director, más afable, en apariencia, de lo que rezan algunos rumores.
Antes de cada rodaje, Moretti recorre la ciudad por tierra, mar y aire. Lo hace montado en su legendaria vespa, como sucedía en Caro diario (que se acaba de reestrenar en los cines españoles), dando vueltas por un sinfín de barrios desiertos en pleno Ferragosto. Lo hace a pie hasta perderse por sus calles, como le sucedía al Papa reticente de Habemus papam, que se adelantó unos meses a la dimisión de Benedicto XVI, o al neurótico cineasta que protagonizaba Abril, decidido a rodar un musical sobre un pastelero trotskista. Y lo hace subido a un coche destartalado mientras grita viejas canciones italianas —precioso homenaje a Franco Battiato inclu1- do—, como en su nueva película.
El sol del futuro no será su último proyecto. Pero, si lo fuera, sería un buen testamento. “Prefiero que diga que es un excelente resumen”, ironiza Moretti. “Es un balance de la primera fase de mi carrera, que ha durado 50 años. Ahora empieza la segunda”. Se trata de la historia de Giovanni, director de cine en horas bajas e inconfundible alter ego del director, como sucede en buena parte de su cine (Giovanni es su nombre de pila). Su nuevo proyecto está en peligro: a nadie le interesa demasiado una película ambientada en la Roma de 1956, en plena irrupción de los tanques soviéticos en Budapest, cuando el Partido Comunista Italiano se convirtió en el único en toda Europa que apoyaba la insurrección de los húngaros. Cuando su productor francés se declara insolvente, el rodaje se suspende. Netflix le propone financiar el proyecto, pero solo si se pliega a los golpes de efecto de su dogma narrativo (le falta un momento what the fuck”, le regaña la plataforma en una tronchante reunión). “Hablo de Netflix porque no me gustan esas películas que se inventan nombres ficticios, como Starflix o algo por el estilo. Usé el nombre de Netflix, pero lo mismo sirve para Amazon, Disney y el resto de las plataformas”. Al final, lo salvará una productora coreana, lo que dice mucho de la nueva geopolítica del cine.
El sol del futuro es el comentario melancólico de un hombre perplejo ante la deriva neoliberal de la sociedad, un cascarrabias maniático pero entrañable que se empeña en dar lecciones de ética y moral a los demás, a riesgo de quedarse solo: su esposa, que también es su productora, lleva meses planeando cómo dejarlo. Todo a su alrededor acentúa su desencanto: la desmemoria de la juventud —*“¿hubo comunistas en Italia?””, le pregunta un joven colaborador—, los patinetes eléctricos que invaden las ciudades europeas —en una escena antológica, Moretti cambia su vieja vespa por un modelo de última generación— o el peligro de extinción del cine de autor, al que las plataformas podrían arrinconar hasta convertirlo en marginal, como sucedió con el comunismo.
“El SOL DEL FUTURO ES UN BALANCE DE LA PRIMERA PARTE DE MI CARRERA, QUE HA DURADO 50 ANOS... AHORA EMPIEZA LA SEGUNDA; IRONIZA EL DIRECTOR ITALIANO El PAÍS SEMANAL 99
Ante el auge del streaming, ¿se exponen sus películas, herederas del viejo cine de autor europeo, a ser cada vez más minoritarias? La palabra no le gusta, pese a que en Caro diario jurase que nunca está del todo a gusto cuando se encuentra en mayoría. “Mis películas siempre han tenido su público en bastantes lugares, no solo en Europa. No serán los 190 países donde está presente Netflix, pero no son pocos los espectadores que esperan y van a ver mis películas”, se defiende Morett1. En el fin de semana de su estreno, El sol del futuro arrancó segunda en la taquilla italiana, solo por detrás de Super Mario Bros. “Quien invierte dinero en mis películas no lo pierde, lo que no puede decirse de la mayoría del cine teóricamente comercial”, añade. “Siempre son las mismas historias, las mismas tramas, los mismos actores, los mismos eslóganes y los mismos títulos. Es un cine supuestamente comercial que el espectador está dejando de querer ver”, explica. “Yo hago otra apuesta: un cine para personas que, pese a los millares de contenidos que proponen las plataformas, salen de casa para entrar en una sala oscura y dejar que les cuenten una historia”. En resumen, la idea original de los hermanos Lumiere.
En el contexto de un presente homogéneo, ¿su cine resulta subversivo, como asegura un personaje en El sol del futuro?*No lo definiría así. Subversiva fue la nouvelle vague. Diría que mi cine es personal e inconformista, y espero que también humanista”, afirma. ¿Es egocéntrico, narcisista y autorreferencial, como le reprochan a menudo quienes luego se apresuran a exponer sus rostros en las redes? “Es cierto que he partido de mí mismo, de
PERFIL
mi ansiedad, de mi neurosis y mis tics, pero por suerte he logrado llegar a los demás. Contándome a mí mismo, he contado también a mis semejantes”, responde Moretti, que tampoco queda libre en sus películas de sus propios zarpazos. En El sol del futuro, su personaje es insoportablemente aleccionador, refractario al cambio hasta lo enfermizo, hipocondriaco y apegado a supersticiones absurdas. “Cuando uno se toma demasiado en serio, se vuelve ridículo”, jura.
No le preocupa la supervivencia del tipo de cintas que hace. “Los que se salvan de la crisis del cine son las grandes producciones y los filmes de autor. Son las películas situadas entre ambos extremos las que sufren más, porque el público considera que puede verlas tranquilamente en casa”. Moretti aún no ha visto Oppenhemmer, recién estrenada en Italia, pero sí Barbie. Para su sorpresa, le gustó. “La vi en una sala llena de niñas vestidas de rosa. Al principio pensé que las intenciones de la película no les llegarían, pero luego entendí que su discurso sobre el patriarcado y el feminismo cala en un público que no está acostumbrado a pensar en una sala del cine”, dice Morett1, admirador de Greta Gerwig desde los tiempos de Frances Ha.
Tampoco le inquieta el estado de salud de las fuerzas progresistas, pese a su abatimiento en buena parte del paisaje europeo. “No debería ser difícil ser de izquierdas cuando la derecha niega cosas tan evidentes como el cambio climático”, dice. “Ante una derecha tan tosca y grosera, la izquierda europea tendría que encontrar fácilmente su identidad, reafirmando valores y prioridades infravaloradas por sus adversarios”. Nunca ha militado en ningún partido, pese a su simpatía por ese comunismo que luego se reconvirtió en socialdemocracia. “La izquierda no va a desaparecer, pero tendrá que cambiar. Para empezar, ocupándose de los últimos de la fila, de los últimos de la escala social, cosa que muchas veces no hace. De los problemas de esos últimos, de sus sueldos, de las periferias donde viven y del trabajo que desempeñan. La izquierda tendrá que acordarse del motivo por el que nació”.
—¿La extrema derecha de Giorgía Meloni ganó las últimas elecciones porque supo hablar a esos excluidos?
—Melon: y Salvini son los herederos políticos de Berlusconi. Ganaron porque jugaron con el miedo y porque la derecha sabe simplificar los mensajes, y ya sabemos que los mensajes sencillos siempre llegan a los electores. Hay un viento de derecha que ha llegado a Italia y que me da mucho miedo. Pero no me haga hablar de política. Yo solo soy un cineasta...
Hace dos décadas, Moretti lo dejó todo durante casi dos años para impulsar el movimiento de los girotond,, gran protesta de la sociedad civil en defensa de las libertades democráticas que se anticipó a otras, como el 15-M en España. “Lo hice solo por la gigantesca anomalía que suponía que Silvio Berlusconi fuera primer ministro. Tenía el monopolio de la información, lo que en una sociedad sanamente democrática nunca hubiera ocurrido”, asegura Moretti. “El Gobierno actual tiene ideas opuestas a las mías, pero no se reproduce la anomalía que representó ese personaje con un imperio mediático metido en política”.
—¿Lo que dice es que el Gobierno de Meloni es más democrático que el de Berlusconi?
“LA IZQUIERDA TENDRÁ QUE CAMBIAR Y OCUPARSE DE LOS ULTIMOS DE LA FILA, COSA QUE MUCHAS VECES NO HACE. TENDRA QUE ACORDARSE DEL MOTIVO POR El QUE NACIO” 60 EL PAÍS SEMANAL
—No quiero usar ese adjetivo, pero en una carrera de 100 metros, Berlusconi solo tuvo que recorrer unos 80, cosa que no ha sucedido con Meloni. Pero no se preocupe, no tengo ninguna estima por ella. Me molesta que grite tanto. No ha entendido que ya no es jefa de la oposición, ahora tiene que liderar Italia. Ganó con promesas de orden que ha entendido que no se harán realidad. Una cosa es hacer campaña y otra muy distinta gobernar...
En 1993, le preguntaron a Federico Fellini qué le parecía la irrupción de Moretti en el cine italiano. “Me alegro de la llegada de un joven Savonarola, siendo yo ya un papa corrupto...” respondió con toda la ironía de la que era capaz. Se refería al impulsor de la hoguera de las vanidades en la Florencia del Renacimiento, un modelo de virtud que instó a sus conciudadanos a arrojar al fuego sus posesiones y denunció la vileza de la Iglesia católica, así como la lujuria de sus semejantes. Salvando las distancias, hay algo igual de virtuoso en Moretti. El sexo, por ejemplo, no abunda en su filmografía. Una de las pocas excepciones es su escena de desnudo en Caos calmo (2008), que generó un escándalo en Italia. Tal vez porque, para muchos espectadores, resultó tan incómoda como sorprender a su propio padre fornicando.
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El PAÍS SEMANAL
"Me gustó Barbíe porque hace reflexionar a un público que no está acostumbrado a pensar en una sala de cine”, dice Moretti
novador de entonces se ha acabado volviendo casto? “Tengo la misma curiosidad que cuando tenía 20 años”, se defiende. ¿Considera Moretti, con 70 años recién cumplidos, que ha envejecido bien? “Como director, soy más elástico. Antes consideraba que los actores eran las piezas de un juego que manejaba yo. Ahora les doy más espacio y siento más empatía respecto a su fragilidad. Cuando era joven decía que quería hacer siempre la misma película, solo que cada vez un poco mejor. Ahora ya no diría eso. Quiero hacer cosas distintas”. Y, como persona, ¿ha cambiado? “También soy más flexible, más blando. Antes quería ser el director artístico de la vida de los demás. Ahora ya no. Con el tiempo, aceptas que los demás no son como uno querría que fueran, sino que son como son, igual que tú eres como eres. Hay que aceptarse y no esperar gran cosa de uno mismo. La vida, por suerte, siempre redondea nuestros bordes”.
Nanni Moretti nació en la región italiana del Tirol del Sur, donde sus padres, profesores de griego y latín, se encontraban de vacaciones. En una de sus primeras películas, Sue-
ños de oro (1981), le pegaba una paliza a su madre cuando esta le instaba a abandonar el hogar familiar. “Me fui a los 29 años. Ahora es lo normal, pero entonces tuve el récord en la región del Lacio”, se carcajea el director. “No fue por el complejo de Edipo, sino por pereza. Quise alargar al máximo el momento de tomar las riendas de mi propia vida”. Casi 40 años más tarde, le dedicó un emotivo homenaje tras su muerte, Mia madre, que también era una lamentación por un mundo que desaparecía. En un momento de crisis de El sol del futuro también invoca a su progenitora, pidiéndole auxilio como si fuera su Virgen particular.
— ¿Piensa en su madre cada día? —Cada día no, pero sí a menudo. Pero, por desgracia, soy ateo, así que sé que nunca volveré a verla. A veces pienso en aquella broma famosa de Buñuel: “Soy ateo, gracias a Dios”. A mí me pasa al revés: soy ateo y estoy muy cabreado por serlo. Me gustaría creer en otra vida, pero sé que solo tenemos esta.
— ¿Está usted deprimido, como su personaje en la película? ¿Toma antidepresivos, igual que él?
—Solo contestaré en presencia de mi abogado. Pero digamos que el cine me ayuda mucho... Por eso intento trabajar todo lo que puedo.
Decía Italo Calvino, citado en El sol del futuro, que Cesare Pavese se quitó la vida para que nosotros aprendiéramos a vivir. Moretti no comparte esa idea del esfuerzo redentor. *Yo no hago nada por deber. Yo lo hago todo por placer”, sentencia antes de desaparecer montado en su vespa, en dirección a los ensayos de la primera función teatral de su carrera, que adaptará dos obras breves de Natalia Ginzburg, otra ferviente partidaria de la autoficción. Pero antes se detendrá a comprarse una de esas tartas vienesas de chocolate que lo vuelven loco. Lo dice la letra de la propia /nternacional: ningún derecho sin deber. —ePS 61
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AM Ll MO PAULA DELGADO
este verano se ha convertido en la más taquillera en la historia de Warner. El fenómeno de la muñeca más famosa de América ha impulsado el negocio del gigante de los juguetes Mattel y ha trascendido a la industria de la moda. La estética Barbirecore —la tendencia del total look en color rosa— está tiñendo todo el sector y nadie se quiere quedar fuera. El zapato de salón Faviola, de Geox, es perfecto para volver a la oficina con un toque de color y, también, para subirse al carro de Barbie. Realizado en piel con detalle decorativo y con un tacón de nueve centímetros, es ideal para recrear el look monocromático del momento. Piensa en rosa. —EPS
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por KareliaVázquez fotografía de Federico Reparaz
LACASA DEL BANO AMARILLO
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PLACERES | DECORACION
Francesca Heathcote Sapey vivió en Turín y Londres
llegó fadrid tí y llegó a este piso en Madrid por amor a un arquitecto Emellaciidinadiaocsca mexicano. Nunca más se fue (ni de la casa ni de Heathcote Sapey posa en
España). La interiorista ha reformado el apartamento suscuarto:ds Dahlo.UNa | 1] E d h ; d Es habitación sin ventanas a su gusto y lo ha llenado de luz y color haciendo guiños queseilamin po ón ln
cromáticos a dos de sus grandes pasiones: México amarillo total. “Un amarillo y el universo del legendario Luis Barragán. der eii : página
—— anterior, salón de la casa con la chimenea
y el suelo pintados de
blanco para ordenar visualmente una estancia
llena de volúmenes, libros
y plantas. En la pared del
fondo, la obra Luz sobre luz, de José María Sicilia.
Debajo, el aparador de
su abuela, un mueble del siglo XIX de origen
piamonteés.
LEGUÉ A ESTA casa por
amor. La primera vez que 3 entré por esa puerta estaba enamorada... aunque
el no lo sabía”. Él es Edgar González, arquitecto
mexicano. Ella, Francesca
Heathcote Sapey (Madrid,
33 años), arquitecta e interiorista. La casa es un piso de la calle de Bravo Murillo en Madrid.
A Francesca le gustaron los dos balcones a la calle por donde entra mucha luz y las ramas de los viejos árboles de Bravo Murillo, a pesar de estar en un tercero. “Parece que estás en un nido”. También le gustó que hubiera muchos libros. “Era la casa de un hombre soltero con todas las implicaciones que eso suele tener, el despacho estaba en el comedor y se comía en la cocina. Pensé dos cosas: qué casa tan auténtica y fascinante y cuánto se parece a su dueño, y casi al mismo tiempo: que feo el gotelé. ¡Qué manía hay en España con el gotelé!”.
Entre aquella primera visita y la mudanza definitiva de Francesca pasó un año. “Antes nos hicimos muy buenos amigos”, recuerda entre risas. Pero cuando Francesca se instaló en las Navidades de 2019 trajo más libros —voy a todas partes con ellos”—, más cuadros y hubo que reorganizar algunos espacios. “Yo me mudé con todo, no tenía mucho pero me lo traje todo. Había vivido 10 años en Londres y había vuelto para trabajar con mi madre
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PLACERES , DECORACION
“La primera vez pensé dos cosas: qué casa tan auténtica y qué feo el gotelé. ¡Qué manía hay en España con el gotelé!”
[la arquitecta e interiorista Teresa Sapey]. La idea era quedarme en su casa hasta que encontrara un piso, y al final ha sido este, que no lo buscaba pero me apareció en el camino”.
De aquella casa que visitó Francesca queda casi todo: los libros, las estanterías, la mesa del escritorio, las sillas desgastadas que Edgar ha ido encontrando por ahí, el sofá, la mesa de la cocina —típica de bar con una 66
placa que pone “Reservado”— y todas las plantas, desde las decorativas hasta un aguacate, un níspero y un limonero que miman en pequeños botes de cristal junto a la ventana de la cocina. De cada viaje se traen una especie a ver cómo le sienta Madrid. “Pero son todas de él, yo soy malisima cuidando plantas”, avisa. En resumen, la casa ha cambiado, pero no tanto.
La primera transformación fue pintar el pasillo de un rosa muy específico. “Es un tono magenta, un rosa fuerte, muy mexicano, que imprime carácter; por un lado, es un homenaje a Luis Barragán, y por otro, es un color muy Sapey que se encuentra en algunos de nuestros trabajos”.
Estuvieron pensando qué espacio sería mejor pintar y se decidieron por o
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1. El aparador, un mueble del siglo XIX de estilo piamontés, pertenece a la
abuela de Francesca Heathcote Sapey Ha viajado por muchas casas de la familia
mesa para dos. En la ventana, un pequeño huerto con plantas de aguacate y
níspero. 3. Detalle de dibujo en la cocina 4. El salón, con dos balcones a la calle
“Me da paz”, dice la interiorista. En la pared, la obra de arte en mayúsculas de la casa, Luz sobre luz (2021), seda sobre madera, de José María Sicilia Sobre la mesa, una cabeza de Adan, diseño de la madre de Francesca, Teresa Sapey 2. En la cocina hay una de Bravo Murillo, y, al fondo, una gran librería ocupa toda la pared El suelo de la casa se pintó de blanco para unificar el espacio. “Es una manía que compartimos mi
madre y yo, pintar los suelos de blanco”, dice Francesca Heathcote Sapey
una zona de paso para que el color no los abrumara “El corazón de esta casa es el pasillo que une todas las estanctas, así que lo pintamos todo de rosa”.
El otro cambio radical fue pintar el suelo blanco. “La casa tenía un suelo vinílico imitación de madera que no me gustaba nada Como hay tantos libros y plantas que generan volumen necesitaba limpiar el espacio visual, ordenar la casa a través de los acabados. Pintar los suelos de blanco es una manía que tenemos mi madre y yo. Todo el mundo piensa que se van a ensuciar mucho y sí, es cierto, pero se limpian con una fregona y funcionan muy bien como elemento unificador del espacio” Poco después también pintaron la chimenea “Era de una piedra color salmón que no me gustaba nada y me generaba desorden visual” Así que más blanco
“¿Se crean muchas expectativas cuando te vas a vivir a un sitio?”, le preguntamos “Me las creo yo conmigo misma, pero nadie me ha dicho nunca nada, ni he sentido presión de tener que demostrar que mi casa es esto o aquello ., pero es verdad una cosa que dice mi madre: ¿Tu irías a un dentista que tiene los dientes torc:-
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dos?” La única excepción de esa regla es justo cuando viene Teresa Sapey a comer a casa “Ahí sí hay presión, tiene que estar todo perfecto a sus ojos de madre y de estupenda profesional Pero debo decir que hemos superado la prueba y esta casa le gusta mucho”
La casa se quedó a medio hacer porque llegó la pandemia Cuando se pudo salir, Francesca se fue al trastero de su familia a buscar cosas que
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tenía en la cabeza y le encantaban: un aparador de madera estilo piamontés, del siglo XIX, que pertenece a su abuela y ha estado en varias casas de la familia “Lo quiero conmigo porque me da paz”, dice Encima, en la pared cuelga la obra Luz sobre luz (2021), de José María Sicilia También se trajo el revistero, varios cuadros y sus copas de vino. “Estoy obsesionada, las colecciono de todas las formas y colores”. 67
Un baño sin ventanas, pintado de amarillo intenso. “Un poco Barragán también”, apunta Francesca, es la gran extravagancia de la casa. “Por las mañanas me despierto con mucha energía y vitalidad, entro al baño y salgo dispuesta a comerme el mundo. Mira, si dejamos la puerta abierta, parece que está la luz encendida aunque está apagada”, dice. Y es cierto que el cuarto de baño parece un sol en medio del pasillo rosa.
Todo el sosiego se encuentra en el dormitorio. Las mesillas diferentes, una de Zanotta y la otra de Carter: “Me gustan las cosas asimétricas”, y las sábanas siempre blancas con algún punto de color. “Me gustan to- 08
“El tono magenta, muy mexicano, imprime carácter. Por un lado, es un homenaje a Luis Barragán, y por otro, es un color muy Sapey”
dos los colores, excepto el marrón, y con el verde tengo una pasión inconsciente desde que nací”. Francesca es melliza con un chico. Durante el embarazo, el médico dijo que venían dos niños, serían James y Francesco y las abuelas se pusieron a preparar el ajuar en azul y verde. Contra todo pronóstico, y nunca mejor dicho, na-
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1. El núcleo de color de la casa es el pasillo, que decidieron que fuera de rosa magenta Se prefirió pintar una zona de paso para que el color no abrumara. En la pared de la
derecha, un cuadro de Enrico de Paris. Sobre la estantería, una cabeza de
Adan, un diseño de Teresa Sapey Abajo, el minibar 2. “Me gustan
todos los colores,
tengo una pasión inconsciente desde que nací”, explica la arquitecta. En la imagen, Francesca Heathcote Sapey está dibujando. 3. En la pared de la cocina se apuntan cosas importantes, como la receta de pancakes de la abuela, la
receta de la focaccía o de la kombucha. 4. Heathcote Sapey, en el pasillo rosa Barragán/Sapey, y, al fondo, un cuadro de Enrico Paris
excepto el marrón, y con el verde
ció una niña a la que pudieron variar un poco el nombre para llamarla Francesca, pero la habitación y la ropa se quedaron como estaban. Así que ella recuerda su infancia en verde. “Creo que ahí tengo una frustración y por eso ahora me gusta tanto vestirme de rosa”, dice entre risas.
En la cocina, junto a la ventana está el minihuerto y el caos que se espera de una casa donde vive un gran cocinero —*Edgar es un profesional, yo solo hago algunas recetas italianas, una pasta o una focaccia, pero lo de él es serio, necesita ingredientes, utensilios, pesas..— .. En las paredes han empezado a escribir las cosas importantes: recetas, la del pancake de la abuela y la de la kombucha; las temperaturas del horno y sus equivalencias, y muchos mensajes en clave porque con tantos viajes de trabajo tienen temporadas de verse poco.
En la casa hay objetos de segunda mano y se esperan muchos más. La última adquisición ha sido un sofá que diseñó Tom Dixon para Ikea, y de las novedades, una de las lámparas de la
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colección Varmblixt, de Sabine Marcelis, también para Ikea, que probablemente acabe en el pasillo. “Todavía la casa puede cambiar”, avisa Francesca pasando la mano por el gotelé.
Es la primera vez que tiene una casa en Madrid, aunque se fue a los 14 años de su hogar materno a estudiar a Turín. Luego vivió 10 años en Londres, allí estudió Arquitectura, un máster en Cultura y Crítica y otro en Diseño y Planificación Urbana. “Ya me daban por perdida, nadie pensaba que volvería. Mi idea no era pasarme una década en Londres, pero la ciudad me atrapó. Después quise irme a Hong Kong, que para mí es el Londres de Asia, oa Latinoamérica, pero pasé por aquí y mi madre me dijo: “Pero ¿Qué tiene de malo Madrid”. Nada. Que siempre puedo volver”.
Entonces Teresa Sapey le ofreció quedarse en la capital como socia de su estudio (Teresa Sapey + Partners). “¿Y no me vas a entrevistar?”, le preguntó Francesca. “Llevo toda la vida entrevistándote”, respondió su madre. “Y así fue como regresé a Madrid”. —EPS
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PLACERES MODA
Es solo “rock and roll. Las obsesiones musicales dieron sentido al trabajo de Hedi Slimane. El diseñador francés, que reivindica un legado que encuentra ecGiza e + mb: 14) hasta en TikTok, habló de ello a propósito desu ¿$ a! colección femenina para el otoño/invierno de Celine.
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POR RAFA RODRÍGUEZ / FOTOGRAFÍA DE HEDI SLIMANE
N DICIEMBRE DE 2022, Hedi Slimane volvía a Los Ángeles. “Aún me siento de allí. Es una parte significativa de mí, creativa y emocionalmente”, dijo. El sueño californiano del creador que acuñó la silueta masculina en Dior Homme tal y como hoy la (re)jconocemos, imbatible aún tras dos décadas largas de dominación, se vio interrumpido repentinamente en 2016 por un problema de tinnitus (ese molesto pitido en el oído) que lo condujo al borde de la depresión Piruetas del destino, entonces también concluyó su contrato como director artístico de Samt Laurent. Así que, tras casi una decada de gozoso exilio voluntario, puso rumbo a París. “Encontré cierta paz al regresar a Francia. Pero sigo temendo nostalgia de aquel periodo fascinante”, admitió. “California siempre será mi hogar y el sitio de mi recreo”.
Para entender el significado de su retorno al lugar donde una vez encontró la libertad —a punto de renovar con Dior, en 2007 rompió la baraja, compró una casa en las colinas de Hollywood, dejó la moda y se consagró de nuevo a la fotografía, su primera pulsión creativa—, Slimane (París, 55 años) despachó largo y tendido con la periodista y escritora estadounidense Lizzy Goodman, él, que apenas concede entrevistas. La charla con la autora de Meet Me in the Bathroom, historia 20
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oral del último episodio de romanticismo rockero en el Nueva York de los primeros años de la década de 2000, debía explicar la muy referencial localización en el histórico teatro Wiltern angelino del desfile de la colección femenina otoño/invierno 2023-2024 de Celine, la marca en la que el diseñador continúa predicando su particular evangelio de la juventud desde hace un lustro. Pero ha resultado bastante más enjundiosa, a leer como test1- monio no solo artístico, sino también existencial, de un creador de moda que encontró en la música su expresión y hasta su razón de ser.
“Vestir a bandas y músicos para sus conciertos ha sido parte fundamental de mi proceso de diseño desde el principio. Como fotógrafo, en especial de la escena rock, le añadía background,
1. Uno de los miembros
de la banda de rock
The Strokes, durante su
actuación en la fiesta
ANCES tras el desfile de Celine
en Los Angeles.
2. El teatro Wiltern, donde se celebró el desfile,
es toda una institución
ES de Los Ángeles 3 Una de las modelos
que participaron en el
show, durante la fiesta
privada posterior, toda
actitud indie sleaze.
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1 Modelos en el backstage.
2 El Wiltern fue templo del vodevil, palacio del cine
y, a partir de los años noventa, sala de conciertos 3 Después del desfile, salió a escena un enérgico lggy Pop. 4. Modelo con uno de los looks de la colección otoño-invierno. 9 y 6 Slimane invitó a muchos jóvenes músicos de la escena mdre californiana
contexto, a ese trabajo”, revela nada más empezar la conversación con Goodman. Slimane se presenta como un viajero del dharma musical, explorador de realidades alter nativas en búsqueda de su identidad Siguiendo el ritmo del ze:fgest de París a Berlín, pasando por Nueva York y Londres, encontró su propia voz entre los artistas emergentes —y sus comunidades de fans— que con “ingenuidad optimista”, dice, definieron el estado del planeta juvenil tras el 11-S. “¿Has visto a esos chicos estuilosos en medio de la revuelta?””, se preguntaban los británicos The Libertines en Time for Heroes, himno generacional. “Para mí, siempre se ha tratado de la música, y la moda sirve a la música, la potencia Supongo que los musicos que conocí al inicio de mi carrera, como los de ahora, lo entendían así. Seguramente se reconocían en mis diseños. Y para mí ha sido emocionante ver que el destino final de mus prendas eran los escenarios y participar de las actuaciones”, continúa.
Cuando Pierre Berge dio con él, en 1996, y lo colocó en situación de pr:-
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vilegio como director creativo de la colección masculina Rive Gauche, de Yves Saint Laurent, con solo 27 años, Slimane ya le tenía cortado el patrón al hombre que deseaba vestir. Inspirado/ obsesionado por las escurridas hechuras mod, el Elvis ceñido en cuero del comeback de 1968 (gentileza del diseñador de vestuario Bill Belew). las creaciones de Ossie Clark para Mick Jagger y la androginia glam de David Bowie, estilizó volúmenes y redujo proporciones para establecer un rejuvenecedor diálogo entre la ropa y la anatomía masculina como nunca antes se había escuchado. Las lazadas al cuello, los escotes, la ausencia de mangas, las pinzas provocativas son desde entonces canon. También la silueta shm fit. Cuenta a Goodman que sus prendas estaban dedicadas a los grupos del momento. Él pensaba qué vestirían durante los conciertos y las colecciones salían solas, de manera orgánica. Diseñó y lanzÓ los vaqueros pitillo en cuanto llegó a Dior y, de alguna forma, su silueta fue adoptada por esta generación
En términos de estilo, he aquí uno de los creadores más honestos constgo mismo de los que haya noticia en las últimas dos décadas. En YSL Rive Gauche, en Dior Homme, en Saint Laurent o en Celine, Hedi Slimane siempre es Hed1 Slimane Hay quien dice que arrasa allí por donde pasa, pero la hierba siempre crece y reverdece donde ha dejado su marca (en
“Como pasó tras el 11-S, posiblemente exista una necesidad de escapar del mundo actual, la tiranía de las redes y la distopía digital”
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Saint Laurent cuadruplicó los beneficios en apenas cuatro años y, ahora mismo. Celine ya dobla los suyos, hasta los 2.000 millones de euros que se estima ingresará este año). A quienes le acusan de repetir fórmula, desvirtuada por otros hasta la náusea, tiene algo que decirles: “El sentido de repetición y consistencia, de autocitarte, es condición clave en la cristalización del estilo y su prolongación en el tiempo Quieres repeturte constantemente para perfeccionar una sintaxis propia, de la que te adueñas con perseverancia y dedicación”. Y vuelve a la música en plan metafórico: “Que se te reconozca en cuanto suena la primera nota. Esto no va de ser modernos a toda costa, de competir en popularidad. Es un compromiso, tu historia íntima, tu verdad Considérate afortunado de conseguir tu propio estilo, uno salo por el que vas a ser recordado, que se convertirá en tu caricatura, en tu sonido. Cuanto mayor sea la caricatura, más potente será el estilo. Supongo que yo soy sinónimo de punk rock e indie en la moda, además de ser conocido por la androginia de mus modelos. Precisamente aquello en lo que he militado y me he empeñado durante más de 20 años. Es una cartcatura que hago mía feliz”, explica en la conversación con Lizzy Goodman.
El tiempo le ha dado la razón. En TikTok, la etiqueta indie sleaze, que refiere la imagen cándidamente desastrada de aquel romanticismo rockero que compartió la juventud entre 2001 y 2012, campa abrazada por la actual muchachada centental “Como pasó tras el 11-S, posiblemente exista una necesidad de escapar del mundo actual, la tiranía de las redes sociales y la distopía digital”, reflexiona el diseñador. “El sonido es nuevo, la actitud es nueva, pero puedes reconocer los códigos y la actitud. Hay una transmisión ahí, un sentido de comunidad intergeneracional, y eso es excitante. Volver la vista 20 años atrás y aceptar aquello es lo que te define” —EPS
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Rosa Montero
S1te paras, te caes
UNCA ME CANSARÉ de repetir que el progreso no es algo inevitable, porque hay un rincón irracional y niño dentro de nosotros empeñado en creer que la vida siempre mejora. Pero no. Los logros se pierden, los conocimientos se olvidan, las sociedades se equivocan. $1 te quedas muy callado, quizá consigas escuchar allá a lo lejos el fragor de las civilizaciones al derrumbarse. Te daré un ejemplo: en el siglo VI antes de Cristo, los pitagóricos ya sabían que la Tierra era un globo que giraba con otros planetas en torno a un fuego central; pero 1.300 años más tarde, el sabio más importante de su época, Isidoro de Sevilla, creía en una Tierra plana dentro de un cielo esférico. Quiero decir que podemos perderlo todo. Pero todo.
Pensaba en esto al calor de la emocionante gesta de la Roja, que ha hecho historia en la lucha por la igualdad de las mujeres. A veces se nos olvida que los derechos que hoy nos parecen obvios se obtuvieron hace muy poco. Por ejemplo, hemos ido conquistando el voto a lo largo de los últimos 100 años (en Francia en 1944, en México en 1953, en Suiza en 1971, en Arabia Saudí en 2015 y sólo en elecciones locales...). Pues bien, en lo deportivo se nos ha boicoteado y ninguneado hasta ayer
mismo. Qué digo, hasta hoy. El sexismo en el deporte sigue siendo terrible, como ha quedado demostrado, por sí alguien tenía alguna duda, con el inaudito comportamiento de ese orgulloso masajeador de sus propios testículos que es el australopiteco Rubiales. Asombra que, pese a
tantas dificultades, las chicas de la Roja hayan conseguido triunfar. O que la colosal María Pérez lograra dos oros. Nuestras deportistas están impulsando heroicamente la causa de la mujer, y el escándalo casi unánime que ha or1- ginado la indignante actitud de Rubiales nos parece una prueba evidente de que el feminismo avanza.
Y es cierto, avanza, pero cuidado: el empuje retrógrado también arrecia. Porque ante todo cambio social siempre surge una fuerza contraria que intenta pararlo. Gandhi decía: “Primero te ignoran, luego se ríen de ti, luego te atacan, entonces ganas”. Pues bien, en la cuestión del sexismo ahora estamos en la tercera fase, la de la guerra.
Todo esto se ve en un reciente estudio hecho en España sobre igualdad y desigualdad. La investigadora
74 (OBrunaHusky wwwfacebook.com/escritorarosamontero www rosamontero.es
MANERAS DE VIVIR
¿Cómo es posible que hoy pueda haber alguien, sea hombre o mujer, que no se considere feminista, es decir, antisexista?
Laura Sagnuier utilizó una muestra de 1.000 hombres y 1.000 mujeres de 18 a 64 años y obtuvo datos muy chocantes. Por ejemplo, no sólo hay un 8% de varones que recurre a la prostitución, sino que un 3% de mujeres también lo hace, lo cual me ha dejado bisoja. Más hallazgos preocupantes: al 42% de ellas y al 62% de ellos le genera rechazo la palabra feminismo, aunque, cuando les preguntas si hombres y mujeres tienen las mismas oportunidades, el 48% de ellos y el 70% de ellas dice que no. Otra contradicción semejante es que casi todos están de acuerdo en que padres y madres pueden cuidar a los niños igual de bien (lo cree el 88% de ellos y el 86% de ellas), pero, pese a ello, la mayoría piensa que los hijos pequeños pueden sufrir si las madres trabajan fuera de casa: eso opina un 57% de los hombres y, horror, el 52% de las mujeres. Inmenso cacao mental, como se ve.
Reconozco que los resultados de este estudio han supuesto un jarro de agua fría para mí. ¿Cómo es posible que a estas alturas del siglo XXI pueda haber alguien mínimamente sensato, sea hombre o mujer, que no se considere feminista, es decir, antisexista? Yo lo veo algo tan obvio como intentar ser antirracista. Pero lo más inquietante es que creo que las contradicciones que muestra el estudio son una consecuencia del contraataque reaccionario que estamos viviendo, de la desinformación y la manipulación. Yo creía que una mayoría de los varones estaba llegando al reconocimiento de que el feminismo es cosa de todos, de que el machismo también los mutila a ellos. Pero veo el efecto de la ofensiva reaccionaria, veo cómo las nuevas mentiras avivan el rescoldo de los prejuicios viejos. Cuando repito que el progreso no es algo inevitable, me lo digo también a mí misma. Cuidado, mucho cuidado. El feroz atrincheramiento de Rubiales ha demostrado lo crecidos que están. Entre todas (que incluye a todos) debemos seguir buscando el camino hacia un mundo mejor. No permitamos que nos engañen, no dejemos de intentarlo. El progreso es como una bicicleta: si te paras, se cae. —EPS
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Histori a <. canció n Los músicos que las interpre tan te cuentan cómo fueron creada s las cancio nes de nuestra vida.
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